Muchos asumen una actitud de superioridad sobre los demás. Se atribuyen una obra que con justicia corresponde a Dios. Les gusta sentarse a juzgar, sin prestar atención al mandato: «No juzguéis, para que no seáis juzgados» Mateo 7:1. Buscar faltas es su fuerte. Nunca son felices sino cuando hacen desdichados a los demás. Cerraron los ojos al bien, pero nunca dejan de notar inconsistencias, fraudes, abusos y demás.
¡De esta carroña se alimentan tales buitres!
Un espíritu tan censurador es perjudicial para los intereses del reino de Cristo. Tal espíritu es dañino para uno mismo. Los hipercríticos lanzan sus anatemas, olvidando que rebotan sobre ellos mismos. «Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados; y con la medida con que medís, os será medido» Mateo 7:2. Seríamos más lentos para juzgar si nos diéramos cuenta de que el juicio que pronunciamos nos traslada instantáneamente del banco del juez a la barra del acusado.
Dios es nuestro Juez, y el juicio, que sigue al mal obrar tan seguramente como el día sigue a la noche, viene en camino. «Tú, pues, ¿por qué juzgas a tu hermano? ¿O por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Dios» Romanos 14:10.
¡No juzgues a tu prójimo hasta que te hayas puesto en su lugar!
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Pittman
Título original: Verdad ilustrada 40
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Pittman, publicado originalmente en Grace Gems.