«Un padre indulgente puede pasar por alto una falta cuando su hijo le sirve —por ejemplo, supongamos que el niño derrame el agua y rompa el vaso. Pero seguramente el padre no permitirá que el niño lo tire con deliberada intención.»
Todos pueden ver que hay una gran distinción entre los pecados de flaqueza y las transgresiones voluntarias. Un hombre puede salpicarnos muy mal con la rueda de su carruaje al pasar, y podemos sentirnos molestos. Pero el sentir habría sido mucho más vivo, ¡si nos hubiera arrojado lodo a la cara con intención deliberada!
Por la gracia de Dios, los cristianos no pecan voluntariamente. Nuestras faltas provienen de la debilidad o de la negligencia, y nos causan muchos remordimientos de conciencia, pues quisiéramos ser irreprensibles delante de nuestro Dios. Ofender a Dios deliberadamente no está conforme a nuestra mente.
En esto se manifiestan los hijos de Dios y los hijos del diablo:
La deliberación y el deleite en el pecado son señales seguras de los herederos de la ira.
El pecado en los creyentes es un mal terrible, pero hay esta mitigación: no lo aman y no pueden descansar en él.
El verdadero hijo no desea causar daño a los bienes de su padre. Al contrario, ama complacer a su padre, y él mismo se aflige cuando causa aflicción a aquel a quien tanto ama.
Oh mi Señor, te ruego que no me dejes pecar descuidadamente, no sea que llegue a pecar presuntuosamente. Hazme vigilante contra mis flaquezas, para que no caiga poco a poco.
«Guarda a tu siervo de los pecados voluntarios; ¡que no se enseñoreen de mí!» Salmo 19:13
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: If he had thrown mud into our face with deliberate intent!
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.