Lecturas bíblicas diarias en la vida de Cristo

El perdón que brota de la cruz transforma nuestros corazones

En medio de su agonía, Jesús oró por quienes lo crucificaban y nos enseña a responder con amor tierno ante toda injuria.

Esta fue la primera palabra que pronunció nuestro Señor en su cruz. Fue dicha justo cuando los soldados estaban en el acto de crucificarlo, clavando los crueles clavos en sus manos y sus pies. Era un momento de agonía atroz, inconcebible. Sin embargo, él no profirió ningún grito de dolor, ni una sola palabra de maldición contra quienes le causaban tal sufrimiento, sino que con calma oró por sus brutales y despiadados verdugos: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen».

En el mismo instante en que la sagrada sangre comenzó a fluir, comenzó también la intercesión por los pecadores. La súplica fue primero por los soldados paganos e ignorantes que actuaban como verdugos; pero no fue solo por ellos. Ciertamente se amplió hasta abarcar a todos los que habían participado en la condena y crucifixión de Jesús. Fue por los gobernantes y el pueblo judío que habían rechazado a su Mesías. ¿No podemos creer que muchos de los que en el día de Pentecostés y después fueron llevados al arrepentimiento, fueron perdonados y salvados porque en su cruz Jesús intercedió por ellos?

Luego la oración se extendió más allá de quienes tuvieron una parte directa en la crucifixión. Desde su cruz, Jesús contempló al mundo perdido hasta el fin de los tiempos, y oró por todo su pueblo. Sabemos también que aquella palabra de oración fue solo el comienzo de una intercesión que continúa hoy dentro del cielo, donde Jesús presenta los méritos de su propio sacrificio por la salvación de su pueblo.

Esta palabra de Jesús nos enseña una gran lección sobre el perdón cristiano. ¡Él oró por sus verdugos! Así también nosotros deberíamos orar por quienes nos hieren. Existen algunos árboles fragantes que bañan en perfume el hacha que los hiere. Así debe ser con el pueblo de Cristo. En lugar de resentimiento y de injuria por injuria, ¡debemos mostrar solo un amor dulce y tierno a quienes nos dañan!

Fuente y atribución

Autor original: J. R. Miller

Título original: Divine Forgiveness

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.

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