Si el precepto cristiano del perdón se mide por la magnitud de la injuria perdonada, estas palabras de Jesús nos presentan un perdón de una ofensa inconcebible y sin parangón. El mayor crimen que el ser humano cometió jamás fue la crucifixión del Hijo de Dios; y, sin embargo, por el perdón de ese crimen, el Salvador ora en el mismo instante de su perpetración, plenamente persuadido de la eficacia soberana de la sangre que sus enemigos derramaban para borrar la inmensa culpa de derramarla.
Esta oración intercesora de Jesús por sus asesinos estaba en dulce armonía con todo lo que había enseñado. En ningún precepto evangélico pareció insistir tanto como en el perdón de las injurias: «Perdonad, y seréis perdonados»; «Cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno»; «Si no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas»; «Hasta setenta veces siete». ¿Dónde hallaremos un precepto tan claramente explicado, tan frecuentemente repetido y tan impresionantemente ilustrado en la enseñanza del Señor?
No podemos atravesar un mundo impío sin ser con frecuencia injustamente malinterpretados, extrañamente incomprendidos y heridos con crueldad. Y, sin embargo, las heridas más profundas son las que recibimos en la casa de nuestros amigos. Pero, ¡oh, la bienaventuranza de escribir, como Cristo, esas injurias sobre la arena, que la siguiente marea de amor perdonador borrará por completo! De pie ante este espectáculo admirable del perdón, Cristo en la cruz orando por los que le matan, ¿qué creyente verdadero puede pensar en el agravio que se le ha hecho y albergar en su corazón un espíritu vengativo? Ve al hermano que te ha ofendido y dile: «En humilde imitación de mi Salvador, te perdono todo ese agravio». Oremos también nosotros por los que nos ultrajan; quién sabe cuán pronto Dios responderá y convertirá sus corazones.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Consider Jesus– in the Forgiveness of Injury
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.