Un peregrino se pone en marcha por la mañana, y ha de viajar muchos días antes de llegar al santuario que busca. ¡Qué escenarios tan variados contemplará el viajero en su camino! A veces está en las montañas, y con el tiempo descenderá a los valles; aquí se hallará donde los arroyos brillan como la plata, donde los pájaros cantan, donde el aire es suave, y los árboles están verdes, y los frutos suculentos cuelgan para deleitar su paladar; y con el tiempo se encontrará en el desierto árido, donde no se halla vida alguna, ni se oye sonido alguno, salvo el grito del águila salvaje en el aire, donde no encuentra reposo para la planta de su pie; el cielo ardiente sobre él, y la arena caliente bajo sus pies; sin techo de árboles ni casa donde descansar. En otro momento, se encuentra en un dulce oasis, descansando junto a los pozos de agua y cogiendo fruto de las palmeras. Un momento camina entre las rocas por algún desfiladero estrecho, donde todo es oscuridad; en otro asciende el monte Mizar; ahora desciende al valle de Baca; y con el tiempo sube el monte de Basán: «un monte alto es Basán»; y de nuevo, entrando en una guarida de leopardos, sufre prueba y aflicción.
Tal es la vida: siempre cambiante. ¿Quién puede decir lo que vendrá después? Hoy hace buen tiempo; al día siguiente puede haber una tempestad atronadora. Hoy puedo no necesitar nada; mañana puedo ser como Jacob, sin más que una piedra por almohada y los cielos por cortinas. ¡Pero qué pensamiento tan feliz es este: aunque no sabemos por dónde serpentea el camino, sabemos dónde termina! El camino más recto al cielo es ir dando rodeos. Los cuarenta años de peregrinación de Israel fueron, al fin y al cabo, el camino más corto a Canaán. Puede que tengamos que pasar por prueba y aflicción; el peregrinaje puede ser fatigoso, pero es seguro; no podemos trazar el río por el que navegamos, pero sabemos que termina en mares de dicha. No podemos seguir los caminos, pero sabemos que todos se encuentran en la gran metrópolis del cielo, en el centro del universo de Dios. ¡Dios nos ayude a proseguir el verdadero peregrinaje de una vida piadosa! «Los encaminó por camino recto, para que fuesen a ciudad de habitación.» Salmo 107:7
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: Spurgeon Gems — Pilgrimage of a Pious Life
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.