Destellos desde las ventanas de la vida

El perfume de una vida apacible

La fragancia que llena un hogar no proviene de los adornos, sino de una vida apacible y escondida en Dios, un espíritu afable que es de grande estima delante de Él.

El perfume de una vida apacible

Una vez, al cruzar un prado, llegué a un lugar lleno de fragancia. Sin embargo, no podía ver ninguna flor, y me preguntaba de dónde provenía aquel perfume. Al fin encontré, muy bajito, pegadas al suelo, ocultas por la hierba alta, innumerables florecitas. De esas pequeñas flores venía la fragancia.

De la misma manera, cuando entro en algunos hogares, hay un perfume rico de amor que invade todo el lugar. Puede ser un hogar de riqueza y lujo, o puede ser sencillo y desprovisto. No importa; no es la casa, ni el mobiliario, ni el adorno lo que crea ese ambiente de dulzura. Miro con atención. Es una mujer apacible, madre o hija, callada, que se oculta a sí misma, de cuya vida fluye la fragancia. Hay un encanto admirable en un espíritu apacible.

La joven apacible de un hogar puede no ser hermosa, puede no tener una educación esmerada, puede no ser musical ni artista ni «lista» en ningún sentido; pero dondequiera que se mueve, deja una bendición. Su dulce paciencia nunca se altera por las palabras ásperas que caen a su alrededor. Los niños la aman porque nunca se cansa de ellos. Les ayuda con sus lecciones, escucha sus quejas y preocupaciones, arregla sus juguetes rotos, hace vestidos para sus muñecas, desenreda los nudos, apacigua sus pequeñas riñas y encuentra tiempo para jugar con ellos. Cuando hay enfermedad en el hogar, ella es el ángel del consuelo. Su rostro está siempre iluminado por el resplandor del amor. Su voz lleva música, al caer con tierna alegría sobre el oído del que sufre. Sus manos son maravillosamente suaves, cuando su tacto reconfortante se posa sobre la cabeza que duele, o cuando ministra de innumerables maneras junto al lecho del dolor.

«Vuestro adorno no sea el externo, el de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el ser incorruptible de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios.» 1 Pedro 3:3-4

Fuente y atribución

Autor original: J. R. Miller

Título original: Destello 74

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.

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