Porciones diarias

El peso eterno de gloria que da sentido al cielo

Nada sino participar de la gloria de Cristo puede satisfacer el corazón del hombre. Un cielo sin esa gloria no sería cielo. Esa esperanza anima al cristiano en toda batalla contra el pecado.

Nada menos que la revelación y comunicación de esta gloria podría satisfacer el corazón de Dios; y nada menos que participar de esta gloria puede satisfacer el corazón del hombre. Un cielo sin esto no sería cielo para su alma. No ver la gloria de Dios en el rostro de Jesucristo; no tener visión alguna de la gloria de un Dios encarnado; no ser conformado a su imagen gloriosa, de modo de ser perfectamente santo en cuerpo y alma; si estas cosas se le negaran, no habría cielo alguno para los redimidos entre los hijos de los hombres. Pero Dios, al dar a los santos el cielo como su morada feliz, les dio con él un peso eterno de gloria. Ha diseñado que todos cuantos ha escogido para salvación lleguen a la playa celestial; que ninguno naufrague en el camino; que el pecado no sea su ruina; que Satanás no triunfe en ninguno de sus designios contra su seguridad eterna; sino que cada miembro del cuerpo místico de Cristo esté para siempre con su Cabeza gloriosa en los realms de la bienaventuranza, para contemplar y participar de la gloria que ha de ser revelada cuando Él venga con todos sus santos.

Es la perspectiva de esta gloria eterna lo que anima al cristiano en todas sus batallas contra el pecado, y le alienta a no abandonar el campo hasta que la victoria corone la contienda. Fortalece su corazón en todos los pesares y pruebas de este estado mortal para seguir avanzando hacia la conquista de este premio inmortal, a fin de llegar seguro a aquella tierra donde las lágrimas son enjugadas de todo rostro, y donde la gloria de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo será vista y gozada a través de la humanidad glorificada de Jesús, sin nube alguna que oscurezca sus rayos ni interrumpa su eterno resplandor.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: November 1

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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