"Porque todos ofendemos en muchas cosas. Si alguno no ofende en palabra, es hombre perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo." Santiago 3:2
Mi lengua es un gran poder.
Sus palabras hieren — o bien curan.
Envenenan — o bien bendicen.
Una vez que han salido de mí, disparadas como flechas al aire — hallarán su blanco y cumplirán su cometido.
No puedo recogerlas.
No puedo anularlas ni deshacerlas.
Para bien o para mal — se han alejado de mí velozmente.
Hay un sentido en el que mis palabras son mis hechos; logran tanto — de misericordia o de miseria, de sanidad o de daño — como mis acciones.
Con demasiada frecuencia mi lengua ha sido agente de maldad y de daño. Ha hablado sin ternura o sin verdad, con dureza o con precipitación.
Ha sugerido motivos viles a los hechos de otros. Ha magnificado sus fracasos y errores. Ha sido una tea de fuego. Ha distribuido ácidos amargos y corrosivos — en vez del panal. ¡A veces ha sido propagandista del pecado mismo!
Señor mío, regenera y guarda esta lengua mía. ¡Refínala, endulzala y santifícala! Que ame . . .
la voz de la oración,
la voz de la confesión,
la voz del ánimo,
la voz del consuelo y del confort,
la voz de la adoración y de la acción de gracias!
Fuente y atribución
Autor original: Alexander Smellie
Título original: The Hour of Silence — James 3:2
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Alexander Smellie, publicado originalmente en Grace Gems.