Pensamientos vespertinos

El poder del Espíritu en la predicación del evangelio

Salvar almas de la muerte eterna por la predicación del evangelio es la cima de la sabiduría. Sin la demostración del Espíritu, todo ministerio carece de verdadero poder.

La verdadera sabiduría es aquella que logra los mayores resultados por los medios más simples. ¡Y he aquí la sabiduría! Salvar almas de la muerte eterna mediante «la locura de la predicación» es la cumbre a la que la sabiduría puede elevarse. De los apóstoles se registra que «hablaron de tal manera que creyó una gran multitud». Presentaron a Cristo con prominencia, dividieron la verdad con destreza y predicaron con poder, claridad y sencillez, de modo que «fueron añadidas multitudes al Señor». El gran apóstol pudo decir: «Ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder», para que la fe no se fundara en la sabiduría de los hombres sino en el poder de Dios.

¿Por qué no han de ser nuestros esos mismos resultados con los mismos medios? ¿No predicamos el mismo evangelio? Es cierto que no poseemos el don de profecía ni el de milagros; tampoco los necesitaron ellos para convertir a los hombres a Dios, pues jamás, en un solo caso, dieron vida a un alma mediante el poder de un milagro. El ministerio de Jesús, aunque rodeado de los milagros más espléndidos, produjo menos conversiones que el de Juan, que no hizo ninguno. ¿A qué agencia divina atribuyeron, pues, los apóstoles tan extraordinario fruto? Solo a la «demostración del Espíritu». ¡Oh, por lenguas de fuego para proclamar las buenas nuevas!

El verdadero predicador ha de dividir la Palabra de Dios con rectitud, sin confundir la verdad con el error, separando lo precioso de lo vil, y levantando la cruz de Cristo de modo tan claro que salve almas inmortales. La cruz, la cruz, ha de ser la exhibición central del ministerio, ante la cual desvanezca toda gloria humana. El Espíritu Santo ha de ser más honrado, su unción más buscada, su influencia más insistida. Sin esto, ningún ministerio tiene poder real; por docto o elocuente que sea, pesado en la balanza del santuario es leve como el aire, y ante el juicio resulta una terrible burla.

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Evening Thoughts - November 24

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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