Así como todo bien procede de Dios, ningún bien puede esperarlo el pecador sino de Dios en Cristo. Y el mejor bien puede esperarse de Dios, como de nuestro Padre, por amor de Cristo. Debemos orar, no solo por nosotros, sino también por los demás, teniéndolos siempre presentes sin cesar. Dondequiera que haya una fe verdadera, ella obrará; afectará tanto al corazón como a la vida. La fe obra por el amor; se muestra en el amor a Dios y en el amor al prójimo. Y dondequiera que haya una esperanza bien fundada de la vida eterna, esta se manifestará por el ejercicio de la paciencia; y es señal de sinceridad que en todo cuanto hacemos procuremos agradar a Dios. Por esto podemos conocer nuestra elección: si no solo hablamos de las cosas de Dios con nuestros labios, sino que sentimos su poder en nuestros corazones, mortificando nuestras concupiscencias, desligándonos del mundo y elevándonos a las cosas celestiales. A menos que el Espíritu de Dios acompañe la palabra de Dios, esta será para nosotros una letra muerta. Así ellos la recibieron por el poder del Espíritu Santo. Estaban plenamente convencidos de su verdad, de modo que no se dejaban conmover en su mente por objeciones ni dudas; y estaban dispuestos a dejarlo todo por Cristo y a entregar sus almas y su condición eterna a la verdad de la revelación del evangelio.
Sus efectos poderosos y ejemplares sobre sus corazones y sus vidas (
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — 1 Thessalonians 1:1-5
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.