De esta manera sencilla, por la gracia de Dios, un testimonio vivo de la verdad ha de conservarse siempre vivo en la tierra: los amados del Señor han de transmitir a sus herederos el testimonio del evangelio y del pacto, y estos a su vez a sus próximos descendientes. Este es nuestro primer deber; debemos comenzar en el hogar. Es un mal predicador el que no inicia su ministerio en casa. A los paganos se les ha de buscar por todos los medios, y los caminos y los setos han de registrarse, pero el hogar tiene un derecho preferente, y ¡ay de aquellos que invierten el orden de los designios del Señor!
Enseñar a nuestros hijos es un deber personal; no podemos delegarlo a los maestros de la escuela dominical ni a otros colaboradores amables; estos pueden ayudarnos, pero no pueden liberarnos de la sagrada obligación; los representantes y padrinos son invenciones perversas en este caso. Las madres y los padres deben, como Abraham, gobernar sus hogares en el temor de Dios, y hablar con sus hijos acerca de las maravillosas obras del Altísimo.
La enseñanza de los padres es un deber natural: ¿quién tan apto para velar por el bienestar del hijo como aquellos que son los autores de su propio ser? Descuidar la instrucción de nuestros hijos es peor que brutal. La religión en la familia es necesaria para la nación, para la propia familia y para la iglesia de Dios. Con mil artimañas, el papismo avanza de manera encubierta en nuestra tierra, y uno de los medios más eficaces para resistir sus avances se halla casi abandonado, a saber, la instrucción de los hijos en la fe. ¡Ojalá los padres despertaran a la conciencia de la importancia de este asunto! Es un deber agradable hablar de Jesús a nuestros hijos e hijas, tanto más cuanto que a menudo ha resultado ser una obra aceptada, pues Dios ha salvado a los hijos mediante las oraciones y amonestaciones de los padres. ¡Que cada hogar al que llegue este volumen honre al Señor y reciba Su sonrisa!
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: July 11 — Evening
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.