En aquel tiempo, los deberes religiosos de Ana estaban en su hogar. Su niño necesitaba su atención, y ella creía que quedándose en Ramá para cuidarlo estaba adorando a Dios de manera agradable. No cabe duda de que acertó. Los primeros deberes de una madre están con sus hijos, y ninguna cantidad de servicio religioso público puede compensar el descuido de esas tareas sagradas en el hogar.
Una madre puede asistir a reuniones de ayuda social y misionera, hacer bien entre los pobres y llevar bendición a muchos hogares afligidos; pero si mientras tanto deja de atender a sus propios hijos, ha fracasado miserablemente en servir a Dios. Su primer deber es criar a sus hijos para el Señor. Todo lo que haga por otros después de eso será aceptable a Dios.
En toda vida consagrada muchas cosas buenas deben quedar fuera, pues nadie puede hacer todo lo que sería deseable. Pero sería muy triste que una madre permitiera que el cuidado de sus propios hijos fuera desplazado por los llamados a servir a los hijos de otros, por muy nobles que sean. Esas tareas externas pueden ser suyas en parte, pero los deberes del hogar son suyos y de nadie más.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Miller's Year Book - November 17
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.