Procuremos, pues, cada vez más, permanecer en íntima y estrecha comunión con el bendito Espíritu. Es uno de los más preciosos privilegios... uno de los más escogidos bienes que podemos disfrutar en la tierra... es un racimo de uvas de Eshcol... es un trago del río del agua de vida... es una flor del eterno jardín de la bienaventuranza... es un rayo del trono celestial... une el tiempo con la eternidad... entrelaza la tierra con el cielo... es una gloria comenzada aquí abajo... es un oasis en el yermo desierto, donde el alma es fortalecida, alegrada y refrigerada.
Los creyentes tienen unión con todo el cuerpo de los FIELES. La unión con la cabeza, por necesidad, asegura la unión con todos los miembros. La Iglesia de Cristo está esparcida por todo el mundo... está separada por la diferencia de lengua... de rango... de edad... de circunstancia; pero, siendo partícipes de un mismo Espíritu y una misma fe, son de un mismo corazón y una misma mente en el evangelio. Son de un corazón y de una mente respecto al verdadero objeto de la fe, Cristo Jesús, y consecuentemente se unen en una sola búsqueda, a saber, la gloria de Dios. Puede haber mucha variedad de forma y expresión externa. Las mentes de los hombres son diversas... sus modos y hábitos de pensamiento... sus capacidades originales y asociaciones adquiridas, infinitamente diversas; pero no hablamos de la unidad inerte del 'mero formalismo'. La unidad bíblica consiste en la sumisión a una sola influencia y espíritu... el Espíritu viviente de Dios... que anima cada alma, y a todos los une, por el sagrado y eterno vínculo del amor. Y este es el privilegio de los creyentes. Hay una intimidad de unión... una cercanía de cariño, en la familia de Cristo, que no tiene paralelo en el mundo.
Pues, por mucho que ante los incrédulos y los escépticos parezca un mero sueño y fantasía... por mucho que, a veces, al propio corazón del cristiano, entristecido y enfermo por la división, y la discordia, y la rivalidad, y la contienda, y la envidia, le parezca demasiado parecido a una sombra, más que a una bendita realidad... 'sin embargo, con todo, el fundamento de Dios permanece firme', y su pueblo verdadero 'tiene el mismo amor los unos por los otros'. Son enseñados por Dios a amarse mutuamente; y, dondequiera que se encuentren... ya sea bajo el sagrado techo de su primer hogar, o en medio de las tierras agrestes de un país extranjero... se sienten unidos por lazos indisolubles; son 'todos uno en Cristo Jesús'... todos son celosos por la gloria de Dios, y el adelantamiento del reino del Salvador... y, en proporción a su fe, y a su progreso en santidad, están animados con el deseo de conformidad a Cristo, y con el firme propósito de 'dejar aparte todo peso', y de 'proseguir hacia la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús'.
Tal es, pues, la comunión de los santos con el Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo, y también entre sí. Ciertamente, entonces, la exhortación del apóstol es muy conveniente y justa: que debemos abrigar un interés cálido y afectuoso por nuestros hermanos en Cristo Jesús... que debemos desear su prosperidad, y procurar promover su bienestar. Como los marineros de una misma nave tienen un reclamo peculiar los unos sobre los otros, por ser compañeros de a bordo... o, como los soldados que han subido juntos por la misma brecha mortal, tienen un reclamo peculiar los unos sobre los otros, por haber compartido un peligro común; así los cristianos tienen un reclamo peculiar los unos sobre los otros, en virtud de su común relación con Cristo y la Iglesia, y porque un gran objeto está ante ellos... el honor y la gloria del Dios Trino.
¡Ay! que se permita jamás que las diferencias dividan o alienen a los que están tan estrechamente unidos... que comparten en común tan elevados privilegios y bendiciones. Sin embargo, no es tarea fácil librar la mente de toda amargura sectaria... mantener el corazón limpio de fanatismo religioso... combinar el celo por nuestra propia comunión, con el amor a toda la Iglesia universal, 'la familia de la fe'. Con todo, es el deber que tenemos por delante como discípulos de Cristo; y su ley real no ha de ser tenida en nada, porque sea difícil de cumplir. Viene un tiempo, cuando cesarán las divisiones de Efraín, cuando la túnica rasgada del Redentor volverá a ser sin costura, y de una sola pieza entera. ¿Por qué no adelantar ese tiempo prometido aun ahora? ¿Por qué no las iglesias de diversos nombres, pero de 'un cuerpo y un espíritu', moverse, como aquellos gloriosos planetas en las alturas... cada uno en su propia órbita, pero todos en armonía, alrededor del Sol de justicia? ¿Por qué no, como las tribus de Israel... cada una con su propio estandarte, pero todas reuniéndose alrededor del arca, avanzar... estando juntas bajo la sombra refrescante de la columna de nube, y, reflejando juntas los brillantes resplandores del símbolo de fuego, que conducía al hueste consagrado por el desierto?
¡Cristiano! sea tuyo buscar la paz y la prosperidad de todo el Sion espiritual; y, esto lo harás más eficazmente por la oración ferviente, y el cultivo de la religión personal. La rama de olivo nunca puede florecer, sino en el rico suelo de la piedad personal. Que ese suelo sea dañado, y la amarga hierba de la contienda... la espina, el zarzal, y el abrojo de la controversia airada, florecerán con exuberancia. El hombre se aparta de su hermano apartándose de Dios, y se acerca a su hermano acercándose a su Dios. ¡Oh! si los discípulos de Jesús oraran 'los unos por los otros' en el verdadero espíritu del amor universal del Salvador, ¿dónde hallarían cabida las divisiones, la envidia, el odio, el orgullo y el egoísmo? En lugar de esa cosa fría y pasajera que los hombres llaman caridad, tendríamos caridad cristiana... perdón pleno, afecto fraternal, oraciones mutuas y labores de amor, uniendo los corazones y las manos de los hombres, de modo que, una vez más, se pudiera decir de ellos... '¡Mirad cómo se aman los unos a los otros!'
En la Iglesia de Cristo no hay ni uno, por humilde que sea su posición... por limitada que sea su esfera de influencia... que no pueda ser de ayuda a algún compañero de viaje hacia Sion... que no pueda ser el honrado instrumento de atraer la bendición divina sobre algún peregrino cansado y agotado... sobre algún corazón afligido y herido. Mira a tu alrededor, cristiano, y, si verdaderamente eres uno que ha percibido la preciosidad de la unión con el Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo... y, por ello, de la unión con los fieles en Cristo Jesús en todas partes... pronto descubrirás a muchos por quienes es tu deber y tu privilegio orar.
Orarás por los miembros de tu propia familia... que el amor de Dios sea derramado más abundantemente en sus corazones... que sigan el ejemplo de su Salvador Cristo, y sean hechos semejantes a él... que sean refrescados con el rocío de su bendición, y anden en amor, como también Cristo los amó. Orarás por tus parientes y amigos... que sean guardados firmes en la fe, y celosos en la causa de su Dios... que el bendito Espíritu, en todas las cosas, dirija y gobierne sus corazones... y que su camino sea como la luz resplandeciente, que brilla más y más hasta el día perfecto. Orarás por los de tu conocimiento que estén afligidos o atribulados en mente, cuerpo o hacienda... que pluga a Dios consolarlos y aliviarlos conforme a sus diversas necesidades... dándoles paciencia bajo sus sufrimientos, y un feliz desenlace de todas sus aflicciones. Orarás por tus ministros... que pluga a Dios investirlos con dones celestiales... que sean sabios para ganar almas, y que ellos mismos brillen como la hermosura de los cielos y como las estrellas, para siempre jamás. Orarás por la prosperidad de Sion y la paz de Jerusalén... que pluga a Dios guiarla y gobernarla por su buen Espíritu, de modo que todos los que profesan y se llaman cristianos, sean llevados al camino de la verdad, y guarden la fe en unidad de Espíritu, en el vínculo de la paz, y en justicia de vida. La tristeza... la aflicción... la angustia... la ansiedad... el infortunio de los demás... todo será objeto de tu oración... y rogarás al Señor que santifique sus tratos con ellos, de modo que aprendan las lecciones que él se propone enseñar... y que la disciplina que están llamados a sufrir conduzca a su adelanto en santidad, y a su crecimiento en gracia.
Fuente y atribución
Autor original: John MacDuff
Título original: MUTUAL PRAYER — Parte 2
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.