Pensamientos vespertinos

El privilegio inestimable de acercarse a Dios en oración

La oración no es solo un deber, sino el privilegio más costado y glorioso: un acceso siempre abierto al Padre, donde el alma atribulada halla sostén, luz y consuelo.

Hay que admitir que el creyente necesita constante exhortación al dulce y precioso privilegio de la comunión con su Padre celestial. ¿No parece como pedir a un hombre que respire para mantenerse vivo? Sin el ejercicio de la oración, decimos al hijo de Dios, no puede vivir: ella es la inhalación de la vida divina y la exhalación de la misma; cesad de orar, y vuestra gracia se marchita, vuestro vigor decae y vuestro consuelo muere. El Señor la ordena como deber: «Clámeme en el día de la angustia; yo te libraré y tú me honrarás» —no en el día próspero, sino en el día de angustia, de necesidad, de adversidad, cuando los amigos fallan y el mundo frunce el ceño, clamad y yo os libraré.

Pero elevamos el argumento: urgimos la oración no solo como deber solemne, sino como privilegio precioso. Dichoso el creyente cuando los deberes se vuelven privilegios. ¿Acaso no es privilegio tener una puerta de acceso siempre abierta a Dios? ¿No lo es cuando la carga aplasta poder echarla sobre quien promete sostenerla? Cuando las tentaciones se espesan y se ignora el camino del deber, ¿no es privilegio tener un trono de gracia y una puerta de esperanza? Cuando el mundo se filtra en el corazón o este sangra por una pérdida severa, ¿no es privilegio ir a contárselo a Jesús? Decid, almas pobres, necesitadas, probadas y tentadas: decid si la oración no es el privilegio más precioso y costoso de este lado del cielo.

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Evening Thoughts - July 8

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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