merece particular mención por su probable rapidez y extensión, y por el placer sublime que, sin duda, comunicará. "Ahora vemos imperfectamente como en un espejo nublado; pero entonces veremos todo con perfecta claridad. Todo lo que ahora conozco es parcial e incompleto; pero entonces conoceré todo por completo."
Una variedad de impedimentos en la vida presente son inherentes a la adquisición del conocimiento humano:
educación desacertada o escasa;
la necesidad del trabajo manual;
el llamamiento de los deberes domésticos;
la brevedad de nuestros días;
la multiplicidad de las ciencias;
instructores ignorantes;
errores dominantes;
la lentitud del aprendizaje;
hechos aún inexplorados;
el sesgo del prejuicio;
la violencia de las pasiones;
la indolencia del lujo;
una u otra de estas causas excluye a la mayoría de los hombres de mucha de la instrucción edificante y deleitable que podrían alcanzar, mientras que un vasto e ilimitado campo de inteligencia yace todavía fuera del alcance de la comprensión humana, y queda por adquirirse en un estado más perfecto del ser.
En aquella condición más elevada, todos estos obstáculos serán removidos. Y mientras el discípulo más sencillo e iletrado pasará, al momento de despertar en el mundo celestial, a la posesión de información más clara y más amplia que la que el más estudioso o sabio, mediante investigación la más paciente y pensamiento el más profundo, haya jamás alcanzado en la tierra, puede en general esperarse que nuestras facultades se expandirán con el aumento y la novedad de nuestras adquisiciones, que la mente será vigorizada con nuevos poderes y dotada de nuevas capacidades, para adaptarla a la contemplación de aquella sucesión inagotable de escenas insospechadas y de maravillas siempre más densas, a través de las cuales está destinada a elevarse.
Pero para ser particular: quitada la película del pecado de nuestra visión intelectual, y vestido el espíritu con un cuerpo glorificado, podemos humildemente presumir que se nos permitirá gratificar aquel principio inocente y viril de curiosidad que está implantado en nuestros pechos como el resorte de la investigación, pero que aquí se ve frustrado en tantos casos por la variedad de sus objetos y la imperfección de las facultades humanas.
Recorrer aquel país cuyas colinas azules habíamos visto débilmente desde la orilla opuesta,
ver lo que ojo terreno jamás presenció,
oír lo que oído humano jamás oyó,
trazar el sendero excéntrico del astro celestial al dispararse a las profundidades de la inmensidad,
moverse a lo largo del rayo de luz,
visitar nuevos planetas,
contemplar creaciones nuevas,
discernir cómo los orbes planetarios han tejido su danza mística y observado sus vueltas señaladas;
entender cómo la semilla sembrada y muerta en la tierra ha brotado y se ha abierto en la hermosa flor;
entender cómo el instinto proveyó a las tribus animales con un sustituto ciego de la luz de la razón;
entender cómo las impresiones eran transmitidas a la mente del hombre por el medio grosero de los sentidos;
estas, hermanos míos, son ocupaciones que hoy exceden nuestros poderes, aunque no, se presume, indignas de ellos, para las cuales podemos confiar que en lo porvenir se nos hará idóneos.
Aunque nuestro conocimiento, a nuestra primera llegada a las cortes de lo alto, excederá sin duda todo cuanto podamos ahora pedir o pensar, podemos suponer que el todo que estamos destinados a alcanzar no se abalanzará de golpe sobre nuestra vista. Nuestro camino en este respecto se parecerá a la luz que brilla, que brilla más y más hasta el día perfecto. Ya para impartir los placeres de la novedad y la sorpresa en su forma más exaltada y con respecto a los temas más sagrados, ya para ofrecer nuevos temas para...
los sentimientos de amor,
las efusiones de gratitud,
y los cánticos de alabanza,
se espera que pasaremos, en sucesión inagotable, de escena en escena, y ascenderemos de descubrimiento en descubrimiento, mientras por gradaciones proporcionadas nuestros poderes serán vigorizados y nuestras capacidades progresivamente desplegadas.
Mientras cada nueva iluminación será así libre de dificultad, la rapidez del aprendizaje acompañará plenamente el ardor del deseo. Y puesto que la criatura no puede esperar rivalizar jamás con el Creador, si hay misterios reservados a la comprensión del Eterno solo, puede concebirse que ningún deseo de sondar estas profundidades se permitirá perturbar la mente de los justos; que retrocederán en devota reverencia, y se volverán con gratitud embelesada y sin mezcla a las maravillas que les es concedido explorar.
Pero mientras así encendemos el ardor de la devoción contemplando aquellos resortes más delicados de los fenómenos naturales que están en contacto inmediato con la mano del gran Motor, es sobre todo tomando vistas más amplias de la conducta de la Providencia divina en el régimen del mundo moral que se podrá decir que "veremos cara a cara." ¡Qué campo asombroso y deleitoso de conocimiento se abre en la perspectiva de obtener un discernimiento pleno y claro de los atributos, los designios y los caminos del Altísimo Dios; de por qué Dios abrió su camino en la tempestad y la conflagración, y plantó sus pisadas en el abismo agitado; por qué eslabones nuestros sufrimientos temporales estuvieron conectados con nuestra bienaventuranza eterna! Sobre todo, ¡qué satisfacción inefable al explorar el misterio de la redención y la agencia de la gracia libre! De comprender, en una palabra, con todos los santos, cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que sobrepasa al conocimiento, para que seamos llenos con la plenitud de Dios.
Pero aquí detenga la osadía de la concepción su vuelo. El camino de la curiosidad queda cortado en este punto...
ningún pie humano ha hollado estos recintos,
ningún ojo los ha divisado ni de lejos,
¡ningún hombre ha visto a Dios jamás, en el pleno resplandor de su majestad en las alturas!
Un gran abismo queda ahora en nuestro sagrado conocimiento, que será suplido por revelaciones más amplias y comprendido por facultades más exaltadas.
Fuente y atribución
Autor original: Johnson Grant
Título original: 2. intellectual improvement
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Johnson Grant, publicado originalmente en Grace Gems.