Si hubo alguna vez en tu experiencia una temporada jamás olvidable de alarma, de temor, de terror, de culpa, de aprensión; y entonces, cuando apenas sabías qué hacer, pensar o decir, se te abrió una vista de un refugio en la Persona y obra, sangre y justicia del Señor el Cordero; si como empujado o atraído huiste a él, fuiste recibido con bondad y hallaste seguro refugio contra la culpa, la duda y el temor, entonces sin duda sabes lo que es haber huido a refugiarse para asirte de la esperanza puesta delante de ti. Solo estos son herederos de la promesa; y por eso cuán importante es haber tenido alguna experiencia personal de estas cosas.
¿Cómo hemos de saber si poseemos la vida de Dios en el alma, la gracia de Dios en el corazón, sin que haya habido tal huida y tal asimiento? Mira, pues, si puedes trazar estas dos cosas en tu pecho. Primero, si hubo alguna temporada en que temiste y te estremeciste ante la ira venidera y fuiste compelido a huir a refugio de ella. Pero, segundo, no hallando refugio en ti mismo, y viendo que toda tu propia justicia era lecho demasiado corto y cobertor demasiado estrecho, huiste a Jesús como tu única esperanza; y como hubo una dulce apertura al ojo de tu fe de un refugio provisto en el Señor el Cordero, fuiste capacitado para asirte de él en sus caracteres del pacto y benditas relaciones, y hallaste en él descanso y paz.
Si, pues, puedes hallar estas dos características de vida divina en tu alma, eres uno de los personajes de los que habla nuestro texto; has huido a refugiarte para asirte de la esperanza puesta delante de ti en el evangelio eterno.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: August 11
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.