"Cuando esta lengua tartamuda y balbuceante
yaga silenciosa en la tumba,
entonces, en un canto más noble y dulce,
¡cantaré tu poder para salvar!
III. EL REFUGIO DEL EVANGELIO
"Nosotros, que hemos huido para refugiarnos en Él, tenemos un sólido consuelo". Hebreos 6:18
Y ahora, amigos míos, hemos terminado el recorrido por nuestra galería de imágenes. Hemos deambulado entre estas seis ciudades en la antigua tierra de la promesa. Repetiré una vez más sus nombres, para que los recordéis.
KEDES — Santidad
SIQUEM — Hombro
HEBRÓN — Comunión
BEZER — Fortaleza
RAMOT — Exaltación
GOLÁN — Gozo
¡Qué Salvador tan completo! En Él "habita toda la plenitud". En el caso de algunas de estas ciudades hebreas, "no ha quedado piedra sobre piedra que no haya sido derribada". Los búhos graznan entre sus ruinas, y los chacales merodean en busca de presa. Pero no así con Aquel de quien eran tipo y figura. ¡Jesús vive siempre! Él nunca cambia. El tiempo y la decadencia no pueden derribar las murallas del Refugio del Evangelio. ¡Jesús es "el mismo ayer, hoy y por los siglos"! (Hebreos 13:8)
Quiero, en este último capítulo, deciros una o dos cosas más acerca de las ciudades de refugio. Permitidme pediros vuestra atenta y ferviente atención.
Lo primero que quiero que recordéis es que toda la preciosidad de ese NOMBRE de Jesús, y toda la seguridad del REFUGIO del Evangelio, se derivan de los méritos de su muerte por los pecadores sobre la cruz.
Esta es la mayor de todas las verdades, y una enseñada de modo muy striking en estos antiguos tipos y figuras. Si leéis el relato bíblico, hallaréis que el homicida recuperaba su libertad con la muerte del Sumo Sacerdote (Núm. 35:25). Cuando las noticias del fallecimiento del Sumo Sacerdote, esta gran cabeza de la nación judía, llegaban a estas ciudades de refugio, me atrevo a decir que muchos de sus ciudadanos se oirían, con clamor de lamento, llorar la pérdida del fiel siervo de Dios. Pero la noticia era muy distinta para el hebreo cautivo. ¡Le traía nuevas gozosas! Pues ese acontecimiento le permitía salir de su destierro y poner fin a años de dolorosa separación de todo lo que amaba en la tierra. El vengador ya no podía dañarlo. Podía regresar, feliz y seguro, a los consuelos de su hogar hacía tiempo perdido.
Fuente y atribución
Autor original: John MacDuff
Título original: The Cities of Refuge
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.