La diosa lo miró con asombro.
Una leyenda cuenta de un hombre que servía a una cierta diosa con tal fidelidad, que ella se ofreció a darle cuanto pudiera pedir. Le ofreció tierras y riquezas más allá de todo precio; pero el hombre dijo: «¡Ay de mí! No tengo necesidad de tales cosas. Ya poseo grandes heredades, abundancia de plata y oro, y todos los bienes de esta vida. Pero soy un avaro. No puedo disfrutar de lo que poseo. No conozco nada de los placeres propios de los corazones generosos. Dame, pues, un corazón nuevo».
La diosa lo miró con asombro, y dijo: «Has pedido algo demasiado difícil», y desapareció.
Pero esto es precisamente lo que Dios hace por quienes se lo piden. Él es capaz de cambiar el corazón del avaro, de modo que pueda hallar placer en bendecir a otros con sus dones. Lo hace poniendo su Espíritu en el corazón. Entonces el corazón es transformado, y la vida que estaba toda equivocada queda enderezada por completo.
«Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra». Ezequiel 36:26-27
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Lectura 47
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.