Flores de un jardín puritano

El reloj de la providencia nunca se adelanta ni se atrasa

Una meditación sobre la puntualidad del cielo: Dios nunca se adelanta ni llega tarde, y nuestra inquietud no apresura ni retrasa sus propósitos; el alma sabia aprende a esperar.

"¡Hay un reloj con el que la Providencia marca el tiempo y el compás—y el propio Dios lo pone!"

Nuestro tiempo es siempre ahora, porque vivimos en apresuramiento egoísta—pero todo sucede según el horario divino de Dios. Nuestro Dios soberano nunca se adelanta a su tiempo—ni nunca llega tarde. Bien podemos admirar la puntualidad del cielo.

Nuestras pruebas llegan a su debido tiempo—y se van en el momento señalado. Nuestra inquietud no apresurará ni retrasará los propósitos de nuestro Dios soberano.

Estamos con prisa febril por ordenar todos los asuntos. Pero el Señor tiene el sosiego de la omnipotencia y la sabiduría infalible—y nos irá bien aprender a esperar. El reloj no sonará hasta que llegue la hora; pero cuando llegue el instante, oiremos la campana.

Alma mía, confía en Dios, y espera con paciencia cuando él dice: "¡Mi tiempo aún no ha llegado—pero el tuyo está siempre aquí!" Juan 7:6

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: The clock of Providence!

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

Comparte esta lectura