No habrá noche en el cielo

El reposo sin noche de la presencia de Dios

Una reflexión sobre el descanso que la noche concede en esta vida y la bendición superior del reposo celestial sin noche.

¡Vida, sin vejez ni decadencia!

¡No muerte! ¡Criaturas, pero no muerte!

¡Día, brillante, resplandeciente, espléndido día, pero sin noche!

Si uno no supiera que es el cielo, y no se hubiera acostumbrado a considerar ese nombre como sinónimo de dicha, no sé si la perspectiva nos causaría más placer que dolor.

«¡No hay templo!», podría decir algún devoto amante del santuario terrenal, «¡ay, entonces perderé mi mayor gozo; a mi cielo le faltará la contrapartida de mi deleite terrenal más elevado».

¿Y quién de nosotros que sabe algo de la vida, algo de su trabajo y sus penas, de su cansancio y miseria, que alguna vez se ha dejado caer en su lecho sin fuerzas aun para orar, diciendo tan solo: «Bendita noche, dulce sueño», y se ha levantado por la mañana como un hombre fuerte y reanimado, con sus músculos vibrando con esa fuerza acumulada y su corazón rebosante de ardor y de esperanza? ¿Quién que alguna vez se haya sumido en el sueño para huir del remordimiento que lo roe y de los amargos rebotes del esfuerzo decepcionado, no ha despertado con la esperanza del perdón y el deseo de empezar de nuevo? ¿Quién de estos no está dispuesto a estremecerse ante la perspectiva de una vida de día sin fin? ¡Sin noche! ¡Sin noche! ¡Sin sueño! ¡Sin tregua en el ímpetu del pensamiento y del sentimiento! ¡Sin dulce sosiego para el corazón jadeante y sollozante! ¡Sin el gran arrullo del profundo silencio para el alma agitada! ¡Sin retiro ni siquiera de la publicidad del hogar, ni reclusión en el santuario más íntimo del ser, para meditar, adorar y orar, «cuando solo Dios está cerca»!

Y, sin embargo, este es el cielo. El Señor Dios Todopoderoso y el Cordero están allí. Es el reposo que resta para el pueblo de Dios. Tiene que ser bendito.

Debemos, pues, volver nuestros pensamientos por otro cauce, si queremos conocer la bienaventuranza y ver el brillo de este cuadro: «Allí no habrá noche».

Fuente y atribución

Autor original: George Conder

Título original: No Night in Heaven — parte 2

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de George Conder, publicado originalmente en Grace Gems.

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