La venida de Cristo a Jerusalén, de manera tan señalada, demuestra que él no temía el poder ni la malicia de sus enemigos. Esto habría de animar a sus discípulos, que estaban llenos de temor.
También muestra que él no estaba perturbado por los pensamientos de sus padecimientos cercanos.
Pero todo señalaba su humillación; y estas cosas nos enseñan a no buscar las cosas encumbradas, sino a condescender con los de condición humilde. ¡Cuán impropio es que los cristianos afecten grandeza, cuando Cristo estuvo tan lejos de reclamarla!
Recibieron a su persona con bienvenida; "Bendito el que viene", aquel "que había de venir", tantas veces prometido, tan esperado; él viene en el nombre del Señor. Démosle nuestros mejores afectos; él es un Salvador bendito, que nos trae bendiciones, y bendito sea el que lo envió. Alabanzas a nuestro Dios, que está en los cielos más altos, sobre todas las cosas, Dios bendito para siempre.
La higuera estéril maldecida, el templo purificado
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Mark 11:1-11
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.