Aquí las cosas espirituales se representan en una descripción del diferente estado de los buenos y de los malos, en este mundo y en el otro. No se nos dice que el rico obtuvo su hacienda por fraude o por opresión; pero Cristo muestra que un hombre puede tener gran abundancia de la riqueza, la pompa y el placer de este mundo, y con todo perecer para siempre bajo la ira y la maldición de Dios. El pecado de este rico fue el procurar sólo para sí mismo.
Aquí hay un hombre piadoso, y que en adelante será feliz para siempre, en lo más profundo de la adversidad y la angustia. A menudo es la suerte de algunos de los más queridos santos y siervos de Dios ser grandemente afligidos en este mundo. No se nos dice que el rico le hiciera ningún daño, pero tampoco hallamos que tuviera cuidado alguno por él. Aquí está la diferente condición de este piadoso pobre y de este impío rico, en la muerte y después de ella.
El rico en el infierno alzó sus ojos, estando en tormento. No es probable que haya discursos entre santos glorificados y pecadores condenados, pero este diálogo muestra la miserable desesperanza y los deseos inútiles a que son reducidos los espíritus condenados.
Viene un día en que los que ahora aborrecen y desprecian al pueblo de Dios gustosamente recibirían de ellos algún favor. Pero los condenados en el infierno no tendrán el menor alivio de su tormento. A los pecadores se les llama ahora a que se acuerden; pero no lo hacen, no quieren, y buscan maneras de evitarlo.
Así como los impíos tienen todos sus bienes sólo en esta vida, y a la muerte quedan para siempre separados de todo bien; así los piadosos tienen todos sus males sólo en esta vida, y a la muerte son para siempre apartados de ellos.
En este mundo, bendito sea Dios, no hay abismo alguno entre un estado de naturaleza y un estado de gracia; podemos pasar del pecado a Dios; pero si morimos en nuestros pecados, no hay salida.
El rico tenía cinco hermanos, y quisiera detenerlos en su camino de pecado; el que viniesen a aquel lugar de tormento empeoraría su miseria, pues él había ayudado a mostrarles el camino hacia allí.
¡Cuántos en el infierno desearían ahora retractar o deshacer lo que han dicho o hecho!
Los que quisieran hacer que la oración del rico a Abraham justifique el orar a los santos difuntos, van muy lejos a buscar pruebas, cuando el error de un pecador condenado es todo lo que pueden hallar como ejemplo. Y desde luego no hay estímulo para seguir el ejemplo, cuando todas sus oraciones fueron hechas en vano. Un mensajero de entre los muertos no podría decir más de lo que se dice en las Escrituras. La misma fuerza de corrupción que rompe las convicciones de la palabra escrita, triunfaría sobre un testigo salido de los muertos. Acudamos a la ley y al testimonio, Isaías 8:19, 20, pues esa es la palabra profética segura, en la cual podemos descansar, 2 Pedro 1:19. Las circunstancias en todas las edades muestran que ningún terror ni argumento pueden dar verdadero arrepentimiento sin la gracia especial de Dios, que renueva el corazón del pecador.
Lucas 17
Diez leprosos sanados
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Luke 16:19-31
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.