Aun los rasgos físicos participan de la transfiguración
No hay pecado acariciado que no termine saliendo del corazón, por muy profundamente que allí se oculte, y que no se revele de algún modo en el rostro. De igual manera, el bien que habita en el corazón se abre paso hasta el semblante y estampa en él su propia belleza.
El amor en la vida suaviza los rasgos y les da un calor semejante a la delicada belleza de las flores de primavera.
La paz en el corazón pronto imprime una calma serena en el rostro. Muchos semblantes perturbados e inquietos se vuelven plácidos y reposados bajo la influencia de la paz interior.
La pureza en el alma se manifiesta en la mirada hacia lo alto y en la reverencia reflexiva que habla de comunión con Dios.
La benevolencia escribe su autógrafo en la frente y en las mejillas.
Así, en cierto sentido, aun los rasgos físicos participan de la transfiguración de una vida de fe y santidad.
La salud del cuerpo es hermosa, el vigor de la mente es hermoso — pero la pureza del corazón es el encanto que corona todo. Toda hermosura espiritual comienza en lo interior. Para que la hermosura del Señor nuestro Dios esté sobre nosotros, para que el encanto atrayente de la hermosura divina resplandezca en los rasgos de nuestra vida que los hombres pueden ver — primero debemos llevar la belleza divina en nosotros. Un corazón santo, con el tiempo, transfigurará toda la vida.
«El corazón alegre hermosea el rostro, mas el corazón triste deprime el espíritu.» Proverbios 15:13
«El de corazón alegre tiene un banquete continuo.» Proverbios 15:15
«El corazón alegre es buen remedio, mas el espíritu triste seca los huesos.» Proverbios 17:22
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Even the physical features share in the transfiguration
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.