Es evidente que los sacrificios de Cristo son infinitamente superiores a los de la ley, los cuales no podían ni procurar el perdón del pecado ni impartir poder contra él. El pecado aún habría estado sobre nosotros y habría tenido dominio sobre nosotros; pero Jesucristo, mediante un solo sacrificio, ha destruido las obras del diablo, para que los creyentes sean hechos justos, santos y dichosos. Así como ninguna sabiduría, ciencia, virtud, riqueza ni poder pueden librar a uno de los hijos de los hombres de la muerte, así tampoco nada puede librar a un pecador de ser condenado en el día del juicio, excepto el sacrificio expiatorio de Cristo; ni será salvo del castigo eterno quien desprecie o descuide esta gran salvación. El creyente sabe que su Redentor vive, y que él le verá. Aquí están la fe y la paciencia de la iglesia, de todos los creyentes sinceros. De ahí procede su oración continua como fruto y expresión de su fe: Ven, Señor Jesús.
Capítulo 10
La insuficiencia de los sacrificios para quitar el pecado, la necesidad y el poder del sacrificio de Cristo para ese fin: Parte 1 (
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Hebrews 9:23-28
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.