Quienes trabajan para este mundo muchas veces fracasan en su recompensa; pero quienes hacen la obra de Dios tienen por seguro un buen salario y una cosecha gloriosa.
El salario del pecado es muerte.
El salario de gran parte del esfuerzo de la tierra es la decepción.
Pero el salario de vivir para Dios es vida, y el gozo es seguro y eterno.
A menudo el trabajo que el cristiano tiene que hacer es arduo. La siembra muchas veces se hace con lágrimas, pero la siega siempre es con gozo. Cristo mismo halló difícil y dolorosa la siembra, pero nunca se ha arrepentido en el cielo de lo que le costó aquí. El antiguo profeta, después de hablar de los dolores y sufrimientos de la vida de Cristo, dijo: "Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho."
Tenemos otros ejemplos del mismo principio. Cuando hubo pasado su dura tentación y estaba "con hambre", se nos dice que los ángeles vinieron y le ministraron. También en Getsemaní, después de su amarga agonía, leemos que se le apareció un ángel del cielo fortaleciéndole. ¿No podemos suponer que siempre que tuvo algún servicio especial, que le costaba un desgaste de fuerzas, se le impartía refrigerio espiritual de alguna manera secreta por parte de su Padre?
A medida que los millones de los redimidos llegan a la gloria, todos salvos por sus sufrimientos, Él nunca lamenta haber dado un precio tan alto por su redención, sino que se goza y queda satisfecho con el salario que recibe. Así será con todos sus seguidores, a quienes se les permita sufrir de alguna manera para llevar a los perdidos a casa. El salario compensará mil veces todo el sacrificio y el costo.
Ninguna obra verdadera por Cristo ha sido jamás en vano. En la tierra muchas semillas caen y mueren en el suelo; pero ninguna semilla de verdad celestial que se siembra con fe y se riega con lágrimas deja jamás de brotar en algún lugar y en algún momento como una planta de justicia. Puede que no siempre crezca como el sembrador esperaba, ni siempre justo donde él esperaba, ni cuando; sin embargo, ninguna palabra viva de Dios puede morir jamás.
Debemos notar la clase de salario que Dios da a sus segadores. No les paga en oro y plata, sino en vida, vida eterna. Los que trabajan en los campos de la mies de Dios pueden no enriquecerse a los ojos de los hombres, pero ellos mismos crecen hacia una bendición espiritual más rica, más madura y más santa.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Fruit unto Life Eternal
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.