Mañana y noche

El Salvador abatido y nuestro consuelo en la cruz

En la profunda angustia de espíritu que padeció nuestro Señor encontramos la prueba de que Él es un Sumo Sacerdote fiel, capaz de compadecerse de nuestras debilidades.

Nuestro bendito Señor experimentó un terrible hundimiento y desmadejamiento del alma. "El ánimo del hombre soportará su enfermedad, pero ¿quién soportará al ánimo herido?" La profunda depresión del espíritu es la más penosa de todas las pruebas; todo lo demás es como nada. Bien podía el Salvador sufriente clamar a su Dios: "No te alejes de mí," pues más que en cualquier otra ocasión, el hombre necesita a su Dios cuando su corazón se le deshace dentro a causa de la pesadumbre.

Creyente, acércate esta mañana a la cruz, y adora humildemente al Rey de gloria como Aquel que una vez fue llevado mucho más abajo, en angustia mental y dolor interior, que cualquiera de nosotros; y considera su idoneidad para ser un Sumo Sacerdote fiel, que puede compadecerse de nuestras debilidades.

Especialmente aquellos de nosotros cuya tristeza nace directamente del retiro del sentido presente del amor de nuestro Padre, entraremos en comunión cercana e íntima con Jesús. No nos dejemos llevar por la desesperación, pues por este cuarto oscuro el Maestro ha pasado antes que nosotros. Nuestras almas pueden a veces anhelar, desmayar y tener sed hasta la angustia por contemplar la luz del rostro del Señor; en tales ocasiones sostengámonos con el dulce hecho de la simpatía de nuestro gran Sumo Sacerdote. Nuestras gotas de dolor bien pueden olvidarse en el océano de sus pesares; ¡pero cuán alto debiera elevarse nuestro amor! Ven, oh amor fuerte y profundo de Jesús, como el mar en la pleamar de las mareas vivas: cubre todas mis ansiedades, ahoga todos mis pecados, lava todas mis congojas, levanta mi alma atada a la tierra, y llévala flotando hasta los pies de mi Señor; y allí déjame yacer, una pobre concha rota, arrojada por su amor, sin virtud ni valor alguno; y solo atreviéndome a susurrarle que si aplica su oído a mí, oirá dentro de mi corazón tenues ecos de las inmensas olas de su propio amor, que me han traído donde es mi deleite yacer, ¡incluso a sus pies para siempre!

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: April 12 — Morning

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

Comparte esta lectura