Alma mía, ¿sientes este sagrado estremecimiento ante los pecados ajenos? Si no, te falta santidad interior. Las mejillas de David se empaparon con ríos de agua a causa de la impiedad predominante. Jeremías deseó ojos como fuentes para lamentar las iniquidades de Israel. Lot, hombre justo, se angustiaba por toda la inmoralidad y maldad que lo rodeaba. Aquellos sobre quienes se puso la marca en la visión de Ezequiel eran los que suspiraban y lloraban por las abominaciones de Jerusalén.
No puede sino afligir a las almas piadosas ver qué esfuerzos hacen los hombres para ir al infierno. Conocen por experiencia el mal del pecado, y se alarman al ver a otros volar como polillas hacia su llama. El pecado hace estremecer al justo porque viola una santa ley que es el interés supremo de todo hombre guardar; derriba los pilares de la sociedad. El pecado en otros horroriza al creyente porque le recuerda la vileza de su propio corazón; cuando ve a un pecador atroz, exclama: «¡Él cayó hoy, y yo puedo caer mañana!».
El pecado es horrible para el creyente porque crucificó a su Salvador. Ve en cada iniquidad los clavos y la lanza. ¿Cómo puede un alma redimida contemplar ese pecado maldito que mató a Cristo sin aborrecerlo?
Dime, corazón mío, ¿te unes sensiblemente a todo esto? Es cosa terrible insultar a Dios en Su propia presencia. El Dios bueno merece mejor trato, el Dios grande lo reclama, el Dios justo lo habrá de tener, o pagará a Su adversario en su propio rostro. Un corazón despierto tiembla ante la audacia del pecado, y se alarma al contemplar su castigo. ¡Qué monstruosa cosa es la rebelión! ¡Qué funesto destino está preparado para los impíos!
Alma mía, nunca te rías de las locuras del pecado, no sea que llegues a sonreír ante el pecado mismo. El pecado es tu enemigo y el enemigo de tu Señor; míralo con detestación, pues solo así puedes evidenciar la posesión de santidad, sin la cual nadie verá al Señor.
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: November 2 — Evening
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.