Creyente, ¡tu Dios tiene algún secreto poderoso que confiarte! ¿Qué es esto que, siendo misterio para el mundo, ha de comunicarse en susurros a los oídos de su pueblo? «¡Les hará conocer su pacto!» Escucha esta noche este bendito «secreto». Lo has meditado antes muchas veces, pero sus maravillas nunca menguan con la repetición. El autor de él es Dios, el Padre eterno. Él redactó sus artículos antes de la fundación del mundo. Sería erróneo presentar la expiación como causa del amor de Dios. Más bien, el amor de Dios fue la causa originante de la expiación. «De tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito». ¿Cómo reza la carta del pacto? «Todo es vuestro… el mundo y la vida y la muerte; lo presente y lo porvenir. Todo es vuestro, y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios».
La iniciativa, la primera propuesta de la misericordia del pacto, estuvo con Él. Fue el Soberano insultado quien primero concibió misericordia hacia los rebeldes. Fue el Padre ofendido quien primero pensó en sus hijos ingratos. ¡Secreto admirable: que desde toda la eternidad el corazón de Dios fue todo amor para con nosotros! Piensa en el Fiador del pacto. Fue el adorable Hijo del Padre. Aceptó voluntariamente las estipulaciones del pacto: «Heme aquí; me deleito en hacer tu voluntad, Dios mío». No cesó hasta que, cumplidos todos los términos, pudo reclamar su recompensa estipulada: «Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese». Y aún vive, reina e intercede bajo el bendito título de «Mediador del pacto eterno».
Piensa en el Dispensador todopoderoso de las bendiciones del pacto: el Espíritu de toda gracia, la tercera persona de la santísima y coigual Trinidad. Piensa en los herederos del pacto: todos cuantos por sencilla fe están dispuestos a apropiarse de sus inestimables bendiciones. Piensa en la seguridad del pacto. Hay mucha incertidumbre en los acuerdos terrenales, pero todo es certeza en el pacto: «Yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo». Este pacto infalible tiene la roca de la deidad de Cristo por fundamento, y un Dios trino comprometido a cumplir todas sus disposiciones: «No invalidaré mi pacto, ni alteraré lo que ha salido de mis labios».
Piensa en la perpetuidad del pacto: «Te desposaré conmigo para siempre». Piensa en la rica herencia del pacto. ¡Oh! aquí está el poderoso secreto de un amor insondable: «Si somos hijos, también herederos; herederos de Dios». «¡Herederos de Dios!» Nuestra herencia está toda dentro del alcance de la omnipotencia para otorgarla. Él pone su mano en un cheque en blanco, para que su pueblo escriba debajo cuanto quiera, con tal de que sea para su bien. Alma mía, ¿eres heredera de Dios? ¿Puedes mirar hacia el trono de aquel «grande Yo Soy» y decir: «¡Este Dios es mi Dios!»? No hay palabras más felices ni seguridad más gloriosa que puedan vibrar en lengua de arcángel. Con tal porción, seguramente no necesito otra. Que este asombroso «secreto» forme el último pensamiento de este día; y como el Todopoderoso aun ahora me lo susurra al oído, puedo cerrar los ojos repitiendo: «En paz me acostaré y dormiré, porque solo tú, Señor, me haces vivir confiado». — Salmo 4:8
Fuente y atribución
Autor original: John MacDuff
Título original: THE SECRET OF GOD
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.