No hay testimonio de la fidelidad de Dios en su Palabra tan convincente y conmovedor como el del creyente que está por morir. Si alguna vez el hombre es sincero, es entonces. Si alguna vez el velo se corre y el alma aparece real y sin disfraz, sea santo o pecador, es en aquel momento solemne. Ya no existe motivo para lo falso, ni nube alguna puede ocultar lo verdadero; la moneda que muchos dieron por genuina resulta ser falsa, y aquello que muchos —incluso el propio poseedor— tuvieron por falso se revela genuino. La esperanza falaz muere, y la verdadera cobra vida; la fe fingida se hunde, y la real se levanta; y el creyente tímido, que fue toda la vida dudando y temblando hasta la orilla del Jordán, se sumerge con intrepidez en el río y pasa al otro lado, con el himno de triunfo respirando dulcemente de sus labios: «¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?».
Tal es el cuadro que nos ofrece la situación de Josué. Se halla sobre la loma soleada y, antes de que sus pies toquen las frías aguas, echa una mirada hacia atrás sobre todo el camino por donde el Señor su Dios lo ha traído; y con palabras las más enfáticas e impresionantes da testimonio de la fidelidad divina y del amor inmutable de su Dios del pacto, al cumplir todas sus grandes y preciosas promesas: «No ha faltado una palabra de todas las buenas cosas que Jehová vuestro Dios os había dicho; todas os han acontecido».
¿Qué es la vida del hijo de Dios sino una experiencia continua de la verdad de su Palabra y de la veracidad de sus promesas? Acaso has sido puesto en circunstancias angustiosas; los recursos han menguado y las demandas han crecido; tu fe ha sido duramente probada; tu ánimo decaído; el cielo se ha oscurecido y las aguas han subido; pero he aquí el Espíritu, el Consolador, te ha guiado a alguna preciosa promesa que justo venía a tu caso. Tocó tu corazón, humedeció tus ojos, alivió la presión, y tu alma entera quedó como absorbida en Dios. Y ahora el arpa que colgaba triste y muda del sauce se toma de nuevo y vibra con un cántico nuevo de alabanza y gratitud a la fidelidad de Dios. Pronto el testigo vivo de la fidelidad del Señor en su Palabra se convertirá en testigo moribundo. Cuando el corazón y la carne fallen, cuando el solemne telón de la eternidad se levante, cuando el ojo se oscurezca y el pulso descienda, y la tierra se aleje, y la eternidad se acerque, y el cielo se abra, oh, entonces, como Josué, darás testimonio del amor inmutable y la Palabra fiel y los consuelos preciosos y los sostén seguros de tu Dios del pacto y tu Salvador redentor, mientras te conduce suavemente por el valle, radiante con su presencia, resonante con tu cántico, hasta los montes deleitosos, al hogar de la casa de tu Padre: «¡Para siempre con el Señor!».
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: THE LORD FAITHFUL, AND HIS WORD TRUE TO THE LAST
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.