Alma mía, ahora que ha llegado la brisa del día, retírate un rato y escucha la voz de tu Dios. Él siempre está dispuesto a hablar contigo cuando tú estás preparado para oír. Si hay alguna lentitud para comunión, no está de su parte, sino del todo de la tuya, pues Él está a la puerta y llama, y si su pueblo tan solo abre, se regocija entrando. Pero ¿en qué estado se encuentra mi corazón, que es el jardín de mi Señor? ¿Puedo aventurarme a esperar que esté bien cuidado y regado, y dando fruto apto para Él? Si no, tendrá mucho que reprochar; pero aun así le ruego que venga a mí, porque nada puede poner mi corazón en condición tan acertada como la presencia del Sol de Justicia, que trae sanidad en sus alas.
Ven, pues, oh Señor, mi Dios: mi alma te invita con insistencia y te espera con anhelo. Ven a mí, oh Jesús, amadísimo mío, y planta flores nuevas en mi jardín, tales como las veo florecer en tan perfección en tu carácter sin igual. Ven, oh Padre mío, que eres el Jardinero, y trátame con tu ternura y prudencia. Ven, oh Espíritu Santo, y rocía toda mi naturaleza, como ahora se humedecen las hierbas con los rocíos de la tarde. ¡Oh, que Dios me hablara! Habla, Señor, que tu siervo oye. ¡Oh, que él paseara conmigo! Estoy dispuesto a entregarle todo mi corazón y mi mente, y cualquier otro pensamiento queda acallado. Solo pido lo que Él se deleita en dar. Estoy seguro de que se dignará a tener comunión conmigo, pues me ha dado su Espíritu Santo para que more conmigo para siempre.
Dulce es el crepúsculo fresco, cuando cada estrella parece el ojo del cielo, y la brisa fresca es como el aliento del amor celestial. Padre mío, Hermano mayor, dulce Consolador mío, hablad ahora con bondad, porque has abierto mi oído y no soy rebelde.
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: July 1 — Evening
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.