Palabras de consuelo divino

El Señor recuerda con amor tu juventud consagrada

Dios llama «bondad» a la entrega de nuestra juventud y nunca olvida la hora en que el alma se desposó con Cristo. Conforme a su gracia, nos invita a renovar nuestra consagración y a ser fieles hasta el fin.

Si hay una etapa de la vida cristiana siempre verde, siempre preciosa en la memoria de Dios, es ese período importante y memorable en que entregamos nuestra juventud y consagramos a Dios lo primero y lo mejor. Dios lo llama «bondad». ¡Cuán gracioso y condescendiente es nuestro Dios! ¿Puede acaso olvidar aquel momento solemne del cambio decisivo de la vida, cuando se tomó la gran y bendita decisión para la eternidad, cuando el mundo fue abandonado, el pecado renunciado, la criatura relinquida y se escogió la mejor parte? Aquella hora de los desposorios del alma con Cristo, cuando se celebró el matrimonio divino entre Jesús y tu corazón, y todos los ángeles cantaron en el cielo el cántico nupcial.

«Tu juventud». En su aspecto espiritual, ¡qué período tan importante es la juventud! Es la primavera moral de la vida humana. Guarda con nuestro ser la misma relación espiritual que la primavera natural respecto al otoño del año. Es el tiempo de la siembra de la vida. Pareciera tener en sus manos el porvenir de nuestra existencia, fijando y prefigiriendo su molde y su destino. En casi todo caso, el mediodía y la tarde de la vida reflejan la mañana. Una mañana piadosa, virtuosa y temerosa de Dios anuncia una carrera santa, feliz y útil. Por el contrario, una juventud manchada, estropeada y ensombrecida por el pecado transmite a menudo una triste y temible herencia de sufrimiento, dolor y remordimiento, mental y físico, al porvenir de la vida.

«La bondad de tu juventud». El buscar y hallar al Señor en la mañana de la vida, Él se digna llamarlo una bondad hecha a Él. Pareciera perder de vista su propia bondad al dar pronto su Espíritu y llamar temprano por su gracia, para hablar sólo de la bondad hecha a Él al responder a ese llamado y rendirse a esa gracia. ¿Estás dispuesto a manifestar esta bondad para con Jesús? Es bondad hacia Él cuando lloras arrepentido a sus pies. Es bondad hacia Él cuando te levantas en fe y te lavas en su sangre preciosa. Es bondad hacia Él cuando aceptas el don gratuito de su salvación sin obra alguna tuya. Es bondad cuando pones la gavilla de las «primicias» de tu ser —intelecto, posición, bienes, servicio— sobre el altar de la consagración. «Me he acordado de ti.» Señor, en medio de los innumerables pensamientos y memorias que abarrotan tu mente, ¿te acuerdas de aquel voto sagrado, de aquella hora solemne, de aquel instante dichoso en que tú y yo nos hicimos uno? ¡Oh, amor incomparable! ¡Oh, infinita paciencia, para recordarlo aún, después de toda mi triste y pecaminosa olvidanza de ti y de tu amor! Aquí, junto a tu cruz, renuevo mi voto de consagración y me entrego de nuevo a ti; dedicando más santa y sin reservas que nunca el pequeño resto que queda de este ser pecaminoso y pasajero. Acuérdate de tu siervo, oh Señor, para bien; y concede tu gracia para que, en sagrado recuerdo de tu «primer amor» y de toda tu larga línea de misericordias, sea yo fiel hasta la muerte y reciba por tu gracia la corona de vida que no se marchita.

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: THE LORD'S LOVING REMEMBRANCES OF YOUTH

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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