Nunca había sido lento de palabra cuando podía bendecir a los hijos de los hombres, pero no quiso decir ni una sola palabra por sí mismo. "Nunca hombre alguno habló como este Hombre", y nunca hombre alguno fue silencioso como Él. ¿Fue este singular silencio el indicio de su perfecta abnegación? ¿Mostraba que no pronunciaría ni una palabra para detener la matanza de su sagrada persona, que había consagrado como ofrenda por nosotros? ¿Se había entregado tan completamente que no intervendría en su propio favor, ni en el menor grado, sino ser atado y muerto como víctima sin resistencia y sin queja?
¿Fue este silencio un tipo de la indefensión del pecado? Nada puede decirse en mitigación o excusa de la culpa humana; y, por tanto, Él, que llevaba todo su peso, permaneció mudo ante su juez. ¿No es el silencio paciente la mejor respuesta a un mundo contradictor? La calma resistencia responde algunas preguntas de modo infinitamente más concluyente que la más sublime elocuencia. Los mejores apologistas del cristianismo en los primeros días fueron sus mártires. El yunque rompe una legión de martillos al soportar tranquilamente sus golpes.
¿No nos dio el Cordero silencioso de Dios un gran ejemplo de sabiduría? Donde cada palabra era ocasión de nueva blasfemia, el camino del deber era no dar combustible alguno a la llama del pecado. Lo ambiguo y lo falso, lo innoble y lo ruin, pronto se derribarán y refutarán a sí mismos, y por eso lo verdadero puede permitirse estar quieto, y hallar en el silencio su sabiduría.
Evidentemente, nuestro Señor, con su silencio, dio un notable cumplimiento a la profecía. Una larga defensa de sí mismo habría sido contraria a la predicción de Isaías. "Fue llevado como cordero al matadero, y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca." Con su quietud probó concluyentemente que Él era el verdadero Cordero de Dios. Como tal lo saludamos esta mañana. Está con nosotros, Jesús, y en el silencio de nuestro corazón, dejadnos oír la voz de tu amor.
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: April 2 — Morning
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.