¡Oh, qué misericordia para la iglesia de Cristo que el Dios y Padre del Señor Jesús no la haya dejado, como justamente podría haberla dejado, perecer en sus pecados, sino que le haya provisto un Salvador, y uno grande, y que de tiempo en tiempo anime a todo pecador pobre y condenado por sí mismo a esperar en su misericordia!
Las mismas cosas, alma pobre y ejercitada, que más perturban tu mente son precisamente las que hacen a un tal Salvador adecuado para ti. Tú estás en tinieblas; esto hace que el Sol de justicia sea exactamente adecuado para iluminarte. Estás frío; esto te hace necesitar el Sol para calentarte. Estás triste y abatido; esto te hace necesitar el Sol para alegrarte. Estás estéril e infructuoso, y lamentas no poder dar fruto para la gloria de Dios; necesitas el Sol para fertilizarte. Estás, a veces, muy muerto en tus sentimientos, y apenas puedes hallar inclinación para orar, meditar o leer las Escrituras; necesitas el Sol para avivarte y reanimarte.
¿No son, pues, estas mismas pruebas y tentaciones necesarias para hacerte sentir que el Señor Jesús es el Sol que necesitas, el mismo Sol que David (Sal. 84:11) sintió que era? ¿Qué valor dan al Señor Jesús los que se encienden fuego a sí mismos y andan en las chispas de su propio encendido? ¿Qué es Jesús para los que no conocen tribulación del alma? ¿Qué oración real y ferviente o deseo sincero tienen tras él? ¿Qué ardiente anhelo de su aparición? ¿Qué suspiros por ver y sentir su sangre y su justicia? ¡Oh! Son los ejercicios agudos, las pruebas múltiples y las tentaciones poderosas lo que hace al alma valorar de veras al Señor Jesús.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: September 2
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.