Pensamientos para la hora quieta

El sollozo de la humanidad halla respuesta en Cristo

Cristo, el verdadero Jehová Rophi, sanaba a cuantos a Él acudían: penitentes, ciegos, leprosos y corazones quebrantados encontraban en Él refugio, simpatía y paz.

"Yo soy el Señor que te sana." Éxodo 15:26

Cristo era el verdadero Jehová Rophi. ¡Qué multitudes tan diversas acudían a este Médico divino, y a todos los sanaba! Ninguna necesidad lo desconcertaba ni confundía.

El inquisitivo Nicodemo; el impetuoso Pedro, bravo como las olas del mar; el amoroso y meditativo, pero impulsivo Juan; y el de voluntad firme y escéptico Tomás —cada uno tenía su lugar en el gran templo vivo.

Los penitentes se acercaban avergonzados a sus pies y lloraban su vergüenza y su dolor. Los ciegos junto al camino clamaban en voz alta pidiendo ayuda. Los leprosos, con voces lastimeras —proscritos, despreciados y evitados por todos los demás— lo reclamaban y encontraban en Él a un hermano. Los corazones quebrantados y rotos por el luto, en su presencia, recibían simpatía y consuelo que secaba sus lágrimas y les devolvía la paz.

Había, en Él, una respuesta al sollozo de la humanidad entera: refugio, seguridad y paz para el corazón quebrantado y cansado.

Fuente y atribución

Autor original: John MacDuff

Título original: Thoughts for the Quiet Hour — Excerpts — 99

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.

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