Porciones diarias

El temor de Dios nos mantiene cerca de él

A medida que el temor de Dios brota en el alma, produce como efecto el permanecer en Cristo. Es manantial de vida: cuando ese temor mengua, también declina nuestra comunión con él.

A medida que el temor de Dios brota en un alma creyente, y es mantenido y conservado vivo por las influencias que proceden de Cristo como Cabeza del pacto, produce, como fruto, una permanencia en él. No podemos apartarnos de él, porque el temor de Dios está en nuestro corazón. Por eso se le llama «manantial de vida, para apartarse de los lazos de la muerte». Si es manantial de vida, debe ser alimentado por aquel que es la vida; y a medida que se aparta de los lazos de muerte, se adhiere más plena y estrechamente a él conforme esos lazos se rompen y se dejan atrás.

Si examinamos los movimientos del temor piadoso en nuestro corazón, veremos que todas sus tendencias son hacia la vida y la Fuente de la vida; hacia el odio del pecado y el amor de la santidad; hacia el deseo del gozo de las realidades celestiales y una insensibilidad a las cosas del tiempo y de los sentidos; hacia el conocimiento de Cristo en la manifestación de sí mismo, y un anhelo de vivir más para su alabanza, andar más en sus pisadas y ser más conformado a su imagen sufriente.

Ahora bien, como ninguna de estas cosas puede producirse sino por la unión con Cristo y la permanencia en él, vemos cómo el temor de Dios ayuda y es necesario a esta permanencia. Porque en cuanto el temor de Dios arde bajo en el alma, hay un retraerse gradual y un declinar sensible de esta permanencia en Cristo.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: May 18

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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