Hay un gran pensamiento que recorre toda la Escritura, desde Génesis hasta Apocalipsis; y este único gran pensamiento atraviesa cada parte de la sagrada página y, como una banda de oro, une el todo. ¿Cuál es este único gran pensamiento?
Dios tiene muchos pensamientos, como nosotros, pues nos dice que «los pensamientos de su corazón permanecen para siempre en todas las generaciones.» Pero leemos también en el mismo versículo del «consejo de Jehová, que permanecerá para siempre»; y en otra parte de su «operación todas las cosas conforme al consejo de su propia voluntad» (Salmo 33:11; Efesios 1:11). Así, en la mente de Dios, así como en el modo de su subsistencia, hay unidad y variedad. Está su único pensamiento, y sus muchos pensamientos; pues aunque sus pensamientos son muchos, su consejo es solo uno; y este consejo es la exaltación y glorificación de su amado Hijo. Conviene trazar brevemente esta unidad de pensamiento y la variedad de su expresión. La vemos, pues, expresada primero en la creación del primer hombre, cuando Dios lo hizo «a su imagen, conforme a su semejanza.» Allí estuvo la expresión del único pensamiento de Dios; pues Adán el primero fue tipo de Adán el segundo, y como Cristo fue por linaje «hijo de Adán», hubo en la creación del primer hombre un anticipo de la encarnación del amado Hijo de Dios, quien es el resplandor de su gloria y la misma imagen de su Persona.
Observemos ahora cómo todas las cosas fueron puestas bajo los pies de Adán, y fue así constituido cabeza visible de la creación. Lean esta exaltación de Adán a la luz del Salmo 8, y verán cómo el inspirado salmista, interpretado por el apóstol (Hebreos 2:7-9), consideró a Adán, al tener todas las cosas puestas bajo sus pies, como tipo de Jesús, a quien Dios coronó de gloria y de honra, lo puso sobre las obras de sus manos, y sometió todas las cosas bajo sus pies. Consideren luego la primera promesa dada después de la caída, de que la simiente de la mujer heriría la cabeza de la serpiente. Allí tenemos expresado de nuevo el único pensamiento de Dios, su consejo dominante en la encarnación de su amado Hijo, como simiente de la mujer, para herir la cabeza de Satanás. Miren a Noé preservado en el arca con su familia cuando el resto del mundo fue barrido por el diluvio, para que de los lomos de Adán viniera la simiente prometida.
Tomen el caso de Abraham, llamado con un llamamiento especial, para que en él y en su simiente fueran benditas todas las naciones de la tierra. Aquí tenemos otra vez el único pensamiento de Dios. Tomen, asimismo, toda la dispensación levítica. Cada rito, cada sacrificio, cada tipo, cada ordenanza, todas llevan aún el mismo sello del único pensamiento de Dios, y en verdad cada parte de la Escritura no es sino una exposición de este único pensamiento del corazón de Dios, de este único consejo de su voluntad eterna.
La palabra de Dios es un misterio total para nosotros, y no vemos belleza ni armonía en los diversos libros del Antiguo Testamento ni del Nuevo hasta que vemos en ella la mente de Dios, recogemos los pensamientos de Dios, y especialmente aquel gran pensamiento del que he hablado como el que une el todo, esto es, la exaltación de su amado Hijo a su propia diestra como la recompensa prometida de sus sufrimientos y su muerte, y el glorioso resultado de su resurrección y ascensión a las cortes de la bienaventuranza.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: December 31
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.