El tierno amor de nuestro Dios por sus siervos le hace ocuparse del estado de sus sentimientos íntimos. Desea que estén de buen ánimo. Algunos consideran poca cosa que un creyente se vea afligido por dudas y temores, pero Dios no piensa así. Por este texto es claro que nuestro Maestro no quiere que nos enredemos con los temores. Quiere que estemos sin ansiedad, sin duda, sin cobardía. Nuestro Maestro no toma tan a la ligera nuestra incredulidad como nosotros. Cuando estamos desanimados padecemos una grave dolencia, con la cual no se debe jugar, sino que ha de ser llevada en seguida al amado Médico. Al Señor no le agrada ver triste nuestro semblante.
Era ley de Asuero que nadie podía entrar a la corte del rey vestido de luto; esta no es la ley del Rey de reyes, pues podemos venir enlutados tal como estamos; pero con todo, él quiere que nos quitemos el manto de pesadumbre y nos pongamos el manto de alabanza, pues hay mucha razón para regocijarse.
El cristiano debe ser de espíritu valiente, a fin de que pueda glorificar al Señor soportando las pruebas de manera heroica. Si es temeroso y cobarde de corazón, deshonrará a su Dios. Además, ¡qué mal ejemplo es! Esta enfermedad de la duda y el desaliento es una epidemia que pronto se propaga por el rebaño del Señor. Un creyente abatido entristece a veinte almas. Por añadidura, si no se mantiene el ánimo, Satanás será demasiado para ti. Sea tu espíritu gozoso en Dios tu Salvador; el gozo del Señor será tu fuerza, y ningún demonio del infierno avanzará contra ti; pero la cobardía derriba el estandarte.
Además, el trabajo es ligero para el hombre de espíritu alegre; y el éxito sigue a la alegría. El que trabaja, regocijándose en su Dios, creyendo con todo su corazón, tiene el éxito garantizado. El que siembra con esperanza, segará con gozo. Por tanto, querido lector, "sé fuerte y muy valiente."
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: May 11 — Evening
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.