La sabia madre del rey Lemuel dio a su hijo instrucciones llenas de gracia cuando pronunció estas palabras. Es cuando comenzamos a sentir la miseria a la que el pecado nos ha arrojado, y así nos volvemos prestos a perecer y de ánimo afligido, que el vino puro de la gracia del evangelio es adecuado a nuestra condición perdida. A medida que la santidad y la justicia de Dios se descubren a la conciencia, y se nos hace ver y sentir las profundidades de la caída adámica, miramos fuera de nosotros mismos hacia una salvación que no podríamos hallar en nuestra naturaleza caída ni en nuestro corazón profundamente corrupto e incrédulo.
Cuando entonces obtenemos por fe viva una visión del Hijo de Dios como Mediador entre Dios y los hombres, cuando vemos con el ojo de la fe la sangre de la cruz y la expiación plena y completa que él, como Cordero de Dios, hizo por el pecado, entonces le abrazamos de corazón como «de Dios hecho para nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención». Vemos y sentimos que hay salvación en él y en ningún otro; y conforme esta salvación se revela digna de Dios y adecuada a nosotros, que responde a todas las exigencias de la santa ley de Dios y la glorifica con una obediencia que supera a la nuestra tanto como el cielo supera a la tierra, la abrazamos como nuestra justicia justificadora y manto protector, de los ojos de aquel que, fuera de Cristo, es fuego consumidor.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: January 5
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.