Las enfermedades singulares requieren remedios singulares; pero aquí hay un remedio general, una medicina de familia. El Señor no sólo tiene remedios fuertes para enfermedades desesperadas; sino que en el botiquín divino tiene sus reconstituyentes y cordiales. "Fortaléceme con pasas, refréscame con manzanas", clama la Esposa, "porque estoy desfallecida de amor." Estaba en un desmayo, y necesitaba un cordial revivificante para reanimarla. Así un alma desfalleciente puede venir a oír el evangelio predicado, o abrir su Biblia, y decir: "¿Qué hay aquí para mí? Cuando oigo describir alguna experiencia profunda, eso me excluye por demasiado profundo; y cuando oigo grandes manifestaciones, eso me excluye por demasiado alto. Así que me parezco un ser extraño, una criatura peculiar y fuera de lo común, que ni sabe zambullirse ni volar, ni hundirse ni elevarse."
Pues bien, estás enfermo; eres como uno en un hospital, aquejado de un mal que desconcierta a todos los médicos. Al fin, uno más hábil que sus hermanos dice: "No hay enfermedad peculiar. Sino que el hombre, como muchos de nuestros pacientes londinenses, padece de falta de nutrición y muere de puro agotamiento. Necesita que se le ponga mejor sangre. Ha de tener buena comida y vino, y una dieta nutritiva que reponga sus fuerzas y devuelva vida a su cuerpo." Así actúa el gran Médico, Jehová-raphi. "Yo fortaleceré la enferma." La sangre y la justicia de Jesús, aquella carne que es comida verdadera y aquella sangre que es bebida verdadera, se dan al hambriento para reanimarlo como con un cordial celestial.
Hay bálsamo en Galaad; hay un Médico allí; a ese bálsamo y a ese médico acuden las almas enfermas de pecado. Si tienes un caso real, puedes confiar en que hay un remedio en el botiquín de familia. Aún no se ha descubierto, o al menos tú puede que no lo hayas hallado, pero hay un cajón, y en ese cajón hay un brebaje ideado por la sabiduría infinita y compuesto por el amor eterno. Es en verdad un remedio como ningún médico docto de la escuela de los fariseos recetó jamás, ni boticario sabio en su propia opinión compuso; y, con todo, es cabalmente lo necesario, lo necesario. Y cuando ese cajón se abre y se saca el brebaje, y lo tomas, podrás decir con David en el gozo de tu corazón: "Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo lo que está en mí su santo nombre."
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: October 4
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.