El consuelo del apóstol era que no padecía como malhechor, sino por el testimonio de Jesús, por dar testimonio de Cristo como el Emmanuel, el Salvador; y el Espíritu de gloria y de Dios reposaba sobre este apóstol perseguido. El día y la ocasión en que tuvo esta visión fue el Día del Señor, el sábado cristiano, el primer día de la semana, observado en memoria de la resurrección de Cristo. Honrémoslo en su propio día nosotros, que lo llamamos «nuestro Señor». El nombre muestra cómo debe observarse este día sagrado: el Día del Señor debe dedicarse por completo al Señor, y ninguna de sus horas emplearse de manera sensual o mundana, ni en diversiones. Estaba en un estado serio, celestial y espiritual, bajo las influencias de la gracia del Espíritu de Dios. Los que desean gozar de comunión con Dios en el Día del Señor deben procurar apartar sus pensamientos y afectos de las cosas terrenales. Y si los creyentes se ven impedidos en el santo día del Señor de acudir a las ordenanzas públicas y a la comunión de los santos, por necesidad y no por elección, pueden buscar consuelo en la meditación y en los deberes secretos, por las influencias del Espíritu; y oyendo la voz y contemplando la gloria de su amado Salvador, de cuyas palabras llenas de gracia y de cuyo poder ningún encierro ni circunstancia externa puede separarlos. Se dio una señal de alerta como con sonido de trompeta, y entonces el apóstol oyó la voz de Cristo.
Su visión, en la que vio aparecer a Cristo
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Revelation 1:9-11
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.