Mañana y noche

Enfermo de amor por la comunión con Cristo

El creyente que anhela la comunión presente con Jesús está enfermo de amor por su Señor; esa hambre bendita, que viene de Dios, será saciada por Cristo mismo.

Tal es el lenguaje del creyente que anhela la comunión presente con Jesús: está enfermo de amor por su Señor. Las almas graciables nunca están plenamente a gusto, a menos que se hallen en un estado de cercanía a Cristo; pues cuando se alejan de Él, pierden su paz. Cuanto más cerca de Él, más cerca de la calma perfecta del cielo; cuanto más cerca de Él, más lleno está el corazón, no solo de paz, sino de vida, de vigor y de gozo, pues todo esto depende de la comunión constante con Jesús.

Lo que el sol es para el día, lo que la luna es para la noche, lo que el rocío es para la flor, eso es Jesucristo para nosotros. Lo que el pan es para el hambriento, el vestido para el desnudo, la sombra de una gran roca para el viajero en tierra fatigosa, eso es Jesucristo para nosotros. Por tanto, si no somos conscientemente uno con Él, no es de extrañar que nuestro espíritu clame con las palabras del Cantar: «¡Oh hijas de Jerusalén, hacedme esta promesa! Si encontráis a mi Amado, decidle que estoy enferma de amor».

Este anhelo ferviente de Jesús tiene una bendición que lo acompaña: «Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia»; y por tanto, soberanamente bienaventurados son los que sedientan al Justo. Bienaventurada es esa hambre, puesto que viene de Dios; si no puedo tener la plena bienaventuranza de ser saciado, buscaré la misma bienaventuranza en su dulce brote, suspirando en vacío y en ansiedad hasta ser lleno de Cristo. Si no puedo alimentarme de Jesús, será ya casi el cielo el tener hambre y sed de Él. Hay una santidad en esa hambre, pues resplandece entre las bienaventuranzas de nuestro Señor. Pero la bendición encierra una promesa. Tales hambrientos «serán saciados» con aquello que desean. Si Cristo nos hace así anhelarle a Él, Él mismo satisfará esos anhelos. Y cuando venga a nosotros, como ciertamente vendrá, ¡oh, cuán dulce será!

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: August 22 — Morning

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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