Si nos sintiéramos inclinados a jactarnos de nuestras capacidades, la grandeza de la naturaleza bien pronto nos mostrará cuán pequeños somos. No podemos mover la menor de las estrellas centelleantes, ni apagar siquiera uno de los rayos de la mañana. Hablamos de poder, pero los cielos se ríen de nosotros. Cuando las Pléyades resplandecen en primavera con júbilo, no podemos refrenar sus influencias; y cuando Orión reina en lo alto y el año está sujeto con las cadenas del invierno, no podemos aflojar los lazos de hielo. Las estaciones giran conforme al designio divino, ni toda la raza humana puede efectuar cambio alguno en ellas. ¡Señor, ¿qué es el hombre!
En el mundo espiritual, como en el natural, el poder del hombre está limitado por todas partes. Cuando el Espíritu Santo derrama sus deleites en el alma, nadie puede turbarlos; toda la astucia y malicia de los hombres son inútiles para detener el benigno poder vivificador del Consolador. Cuando Él se digna visitar una Iglesia y avivarla, los enemigos más empedernidos no pueden resistir la buena obra; podrán burlarse de ella, pero no podrán contenerla más de lo que podrían empujar hacia atrás la primavera cuando las Pléyades rigen la hora. Dios lo quiere, y así debe ser.
Por otro lado, si el Señor, en soberanía o en justicia, ata a un hombre de modo que quede en esclavitud del alma, ¿quién puede darle libertad? Solo Dios puede quitar el invierno de muerte espiritual de un individuo o de un pueblo. Él suelta las cuerdas de Orión, y nadie sino Él. ¡Qué bendición que Él pueda hacerlo! ¡Oh, que obrara esta maravilla esta noche.
Señor, acaba con mi invierno, y que comience mi primavera. No puedo, con todos mis anhelos, levantar mi alma de su muerte y letargo, pero todas las cosas son posibles para ti. Necesito influencias celestiales, los resplandores claros de tu amor, los rayos de tu gracia, la luz de tu rostro; estas son mis Pléyades. Padezco mucho a causa del pecado y la tentación; estos son mis signos invernales, mi terrible Orión. Señor, obra maravillas en mí y para mí. Amén.
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: March 21 — Evening
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.