"Estamos confiados, digo, y preferiríamos más bien estar ausentes del cuerpo, y presentarnos con el Señor." 2 Corintios 5:8
Estar con Cristo es la suma y sustancia del cielo del cristiano. De todos los rasgos atractivos con los que se inviste su hogar eterno, este es, sin duda, el principal. Por eso, al consolar a sus discípulos, el Señor Jesús no tuvo nada más alto que prometerles sino esto: "que donde yo estoy, allí estéis también."
Mientras estuvo en la tierra, el Salvador no tuvo un lugar seguro donde morar que pudiera llamar suyo. "Los zorros tienen cuevas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene dónde recostar la cabeza." Es verdad que, por la bondad de algunos de sus seguidores devotos, se le procuraron alojamientos temporales; pero, en cuanto a llamar suyo algún lugar, fue un pobre vagabundo sin hogar.
Sin embargo, ahora hemos de preguntar, no dónde habitó cuando peregrinó aquí abajo, sino dónde habita ahora. En el lugar alto y santo vive y reina, y donde Él está, allí han de estar todos los suyos.
El lugar que el Redentor glorificado ocupa ahora es un lugar de descanso: "Pues quien ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras." Es un lugar de gozo: "Quien por el gozo que le fue propuesto, sufrió la cruz, menospreciando la vergüenza." Es asimismo un lugar de honor: "Habiendo purgado por sí mismo nuestros pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas." Ahora, estar presentes con el Señor incluye una participación, por parte de su pueblo, no solo en su descanso y gozo, sino en su dignidad y gloria.
Hay tres pasajes referentes a este punto que quisiéramos poner ante el lector, y eso sin comentario alguno de nuestra parte, que solo debilitaría su fuerza y empañaría su belleza incomparable:
1. "El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados."
2. "Esta es palabra fiel: Si morimos con él, también viviremos con él; si sufrimos, también reinaremos con él."
3. "Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo vencí, y me senté con mi Padre en su trono."
¡Oh, expresiones maravillosas! Ser copartícipes con Él en las dignidades reales de su trono sempiterno, y unirse en la administración de aquella suprema autoridad que Él ejerce sobre todos los seres y todos los mundos.
¿Es de extrañar, entonces, que el apóstol quisiera estar ausente del cuerpo para estar presente con el Señor, a fin de participar de aquella dicha inefable y aquella dignidad inconcebible que su presencia entraña y asegura? Lo único admirable es que nuestros deseos sean tan débiles, y que, con un destino tan sublime aguardándonos, sigamos aún apegados al polvo; y que, cuando el mar embravecido aparece a la vista, seamos tan reacios a levar anclas.
¡Oh, Redentor entronizado! Aviva mis deseos, y eleva e inflama mis afectos fríos y rastreros. Que las bienaventuranzas que tu evangelio despliega sean realidad en mí mediante sus influjos animadores, purificadores y consoladores. Ayúdame a meditar debidamente las gloriosas verdades anunciadas por tu siervo, y a anhelar con anhelo más intenso su cumplimiento. "Y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras."
Fuente y atribución
Autor original: John MacDuff
Título original: The Christian's Heaven
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.