"Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe." 2 Corintios 13:5
Muchos podrían ser movidos a orar por fe, si no presumieran que, por no ser paganos, musulmanes o judíos, deben por ello ser creyentes. Quienes tienen fe a menudo dudan de ello, mientras que quienes carecen de ella se jactan como si poseyeran abundancia. La fe se forja en las almas solamente de aquellos que están profundamente humillados por una convicción cabal de la grandeza y gravedad de sus pecados, confesándose no solo con sus labios sino con su corazón como el principal de los pecadores. Sin este arrepentimiento no entramos por la puerta correcta, y nuestra fe es solo imaginación. La fe es la cosa más grande y más difícil incluso para un hijo de Dios; recibe a Cristo en el corazón y vence al diablo, al mundo y a todos los pecados, lo cual no se logra fácilmente. Pero si la generalidad de la gente tuviera fe verdadera, nada sería más fácil que creer. Pues ¿qué puede ser más fácil que asentir a que la Biblia es verdadera, que es todo lo que la multitud pretende cuando dice que cree? No habría necesidad entonces de que los hombres oraran por fe ni de que se examinaran para ver si la tenían. Los impíos, por tanto, que viven en pecado se engañan a sí mismos al pensar que tienen fe. Porque la fe da victoria sobre el mundo. También se engañan quienes confían en sus propias obras; pues la oración de fe es: "Dios, sé propicio a mí, pecador." "Señor, sálvame, o perezco." La fe verdadera siempre recibe a Cristo como su Salvador, imita la vida de Cristo como su ejemplo y tiene como fin el honor de Cristo.
Fuente y atribución
Autor original: Carl Heinrich von Bogatzky
Título original: A Golden Treasury for the Children of God — December 16
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Carl Heinrich von Bogatzky, publicado originalmente en Grace Gems.