Extrae la dulzura de una verdad
La meditación es un santo ejercicio de la mente, mediante el cual traemos a la memoria las verdades de Dios, las ponderamos seriamente y las aplicamos a nosotros mismos. Es una obra que no puede hacerse en medio de la multitud. Un cristiano debe retirarse del mundo para tener pensamientos serios acerca de Dios.
No se trata de unos pocos pensamientos pasajeros que pronto se desvanecen, sino de fijar y detener la mente en los objetos celestiales.
Así como la abeja extrae la miel de la flor, así por la meditación extraemos la dulzura de una verdad.
No es el recibir el alimento en la boca, sino el digerirlo, lo que lo hace nutritivo. Así también no es el recibir las verdades más excelentes en el oído lo que nutre nuestras almas, sino el digerirlas por medio de la meditación.
Satanás hace cuanto puede para estorbar este deber. Es enemigo de la meditación. Al diablo no le importa cuánto leamos, con tal de que no meditemos en lo que leemos. La lectura engendra conocimiento, pero la meditación engendra devoción.
"¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día la medito." Salmo 119:97
La santa meditación aviva los afectos. La razón por la cual nuestros afectos son tan tibios hacia las cosas celestiales es porque no los calentamos en el fuego de la santa meditación. Así como el pensar en los objetos del mundo hace arder el fuego de la lujuria, y el pensar en las injurias hace arder el fuego de la venganza, así el meditar en las bellezas trascendentes de Cristo haría que nuestro amor por Cristo se encendiera en llamas.
La meditación tiene un poder transformador. La lectura de la Palabra puede afectarnos, pero el meditar en ella nos transforma. La meditación imprime el sello de las verdades divinas sobre nuestros corazones. Meditando en la santidad de Dios, crecemos en santidad. Mientras por la meditación contemplamos la pureza de Dios, somos transformados a su semejanza.
La meditación produce reforma. "Consideré mis caminos, y volví mis pies a tus estatutos." Salmo 119:59. ¡Si los hombres dedicaran tan solo un cuarto de hora cada día a contemplar los objetos celestiales, dejaría en ellos una poderosa impresión!
Fuente y atribución
Autor original: Thomas Watson
Título original: El Soldado Cristiano — Suck out the sweetness
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Thomas Watson, publicado originalmente en Grace Gems.