La religión hipócrita

Falsas esperanzas: cuando el amor propio ciega el alma

El amor propio y las falsas concepciones de la misericordia de Dios llevan a muchos a creerse en camino al cielo mientras se dirigen al infierno.

Así como el amor a sí mismo les lleva a adularse a sí mismos, así querrían que la Palabra de Dios los adulase. Les desagradan las verdades claras, escudriñadoras y despertadoras. Tendrán una buena opinión de sí mismos, pase lo que pase en contra. Dicen como aquellos de la iglesia de Laodicea: "Yo soy rico, me he enriquecido y no tengo necesidad de nada", aunque Cristo dice lo contrario: "¡eres un desdichado, miserable, pobre, ciego y desnudo!" (Apocalipsis 3:17). Aunque esto está claramente manifestado, el amor a sí mismo les hace a la vez incapaces e indispuestos para discernirlo. Un ciego no puede juzgar de los colores, y del mismo modo el amor a sí mismo los ciega.

Muchos profesantes no pueden juzgar el rostro de su alma, si en él están los rasgos del cielo o del infierno. Les disgusta mirarse en el espejo de la Palabra, no sea que el semblante de su alma, fielmente representado, les perturbe.

Satanás ciega un ojo, el amor a sí mismo cierra el otro, ¡y el engaño del pecado sella ambos! No es de extrañar que se imaginen en camino al cielo, cuando están en el camino real al infierno.

¡Cuando el ciego guía al ciego, ya se sabe cuál será el resultado! No es de extrañar que piensen que estarán a salvo en la orilla del cielo y con los pies junto a las mismas riberas de la dicha, ¡en el mismísimo instante en que están cayendo en el pozo sin fondo!

(4) Falsas concepciones de Dios. Si la luz y la convicción avanzan hasta revelar a un pecador que queda corto respecto a la regla de las Escrituras, y que aquello que la Palabra exige como necesario para la salvación no se halla en él; si ya no puede engañarse más acerca de su propio estado, antes que abandonar sus vanas y engañosas esperanzas, concebirá falsamente a Dios, y lo tendrá por más misericordioso de lo que la Palabra lo presenta.

"Es cierto", dice el pecador, "en este caso la regla de las Escrituras es estricta y el camino al cielo parece ser estrecho, y mucho se exige de un pecador para que sea salvo. Pero Dios es misericordioso. Y puede salvarme, aunque yo no tenga esto o aquello que parece exigirse. Aunque me permita este o aquel pecado, y caiga en él de vez en cuando, ¡bah!, no es sino uno pequeño. Dios es bondadoso. No es tan estricto y rígido como algunos lo pintan. ¿Qué? Aunque yo no sea tan estricto y precavido como otros, ¿no se ha de salvar nadie sino los tales? ¡Dios no lo quiera! Aunque no alcance la regla de las Escrituras, Dios es bondadoso. Puedo ser salvo lo mismo que el mejor de ellos."

Pero, ¡ay, pobre pecador engañado! Si aquí están todas tus esperanzas, entonces tu caso no tiene remedio. ¿Será Dios tan misericordioso como para contradecirse y obrar contra su Palabra? ¿Te mostrará tanta misericordia como para descuidar su verdad? ¿Te salvará, cuando no puede hacerlo sin hacerse a sí mismo mentiroso? ¿No tembláis al ver que no tenéis nada que sostenga vuestras esperanzas de cielo, sino pura blasfemia? Si no halláis lo que Él exige como necesario para la salvación, si os salvase sin ello, se negaría a sí mismo y se haría mentiroso. ¿Pensáis que se hará mentiroso a fin de haceros felices? ¡Oh, cuán triste es vuestro caso, cuando, aun según lo habéis expuesto, no tenéis esperanza de cielo, sino sobre términos cuyo solo pensamiento merece el infierno para siempre!

OBSERVACIÓN: Muchos llegarán muy lejos en dirección al cielo, y sin embargo nunca lo alcanzarán; pueden ir lejos en los caminos de Cristo y, con todo, perder el cielo al fin. Esto es evidente en el texto. Aquí hay muchos que habían profesado a Cristo y sido profesantes celosos; que no lo profesaron solo de palabra, sino que verdaderamente lo habían adorado, habían sido asiduos en oír, predicar, orar y alabarle. Y, sin embargo, a pesar de todo esto, cuando lleguen a alegar estas cosas en el día del juicio para su admisión en el cielo, Cristo los excluirá. Los repudiará y declarará que jamás los conoció, esto es, que jamás los amó, jamás los aprobó. Les mandará apartarse de Él y les dará su porción con los obradores de iniquidad. No se necesita más evidencia de esta verdad. Pero la pregunta aquí será: "¿Hasta dónde pueden los profesantes llegar en los caminos de Cristo y, con todo, quedar cortos del cielo?"

Fuente y atribución

Autor original: David Clarkson

Título original: Hypocritical Religion — parte 4

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de David Clarkson, publicado originalmente en Grace Gems.

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