Se describen los falsos maestros. Los ministros fieles deben oponerse a ellos a tiempo, para que, manifestada su necedad, no pasen adelante. Tenían un fin vil en lo que hacían; servían a un interés mundano con apariencia de religión: porque el amor del dinero es la raíz de todos los males. A tales hombres se debe resistir y avergonzar con la sana doctrina de las Escrituras. Las acciones vergonzosas, el oprobio de los paganos, deben estar muy lejos de los cristianos; la falsedad y la mentira, la astucia envidiosa y la crueldad, las prácticas brutales y sensuales, y la ociosidad y la pereza, son pecados condenados aun por la luz de la naturaleza. Pero la mansedumbre cristiana está tan lejos de pasar con cobardía por alto el pecado y el error, como de la ira y la impaciencia. Y aunque pueda haber diferencias nacionales de carácter, el corazón del hombre en toda edad y lugar es engañoso y desesperadamente perverso. Pero las reprensiones más severas deben tender al bien de los reprendidos; y la sanidad en la fe es sumamente deseable y necesaria. Para los contaminados e incrédulos nada es puro; abusan y convierten en pecado lo lícito y bueno. Muchos profesan conocer a Dios, pero con sus vidas lo niegan y rechazan. Ved el miserable estado de los hipócritas, que tienen la forma de la piedad pero carecen de su poder; pero no seamos tan prestos a fijar este cargo en otros, como cuidadosos de que no se aplique a nosotros mismos.
Capítulo 2
Los deberes que convienen a la sana doctrina (
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Titus 1:10-16
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.