Consuelo para peregrinos

Fija tu mirada en lo eterno mientras peregrinas hacia la corona

En nuestra peregrinación cristiana conviene mirar hacia adelante: allí están la corona y la meta. La contemplación del glorioso futuro disipa la oscuridad del pasado y el sombrío del presente.

"No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas." 2 Corintios 4:18

En nuestra peregrinación cristiana es bueno, por lo general, mirar hacia adelante. Hacia adelante se halla la corona, y hacia adelante está la meta. Ya sea para la esperanza, para el gozo, para el consuelo o para inflamar nuestro amor, el futuro debe ser, después de todo, el gran objeto de la mirada de la fe.

Mirando hacia el futuro, el cristiano ve el pecado echado fuera, el cuerpo de pecado y de muerte destruido, el alma hecha perfecta y apta para ser partícipe de la gloria eterna. Mirando aún más lejos, el ojo iluminado del creyente puede ver el río de la muerte ya cruzado. Se ve a sí mismo entrar por las puertas de perlas, recibido como más que vencedor, coronado por la mano de Cristo, abrazado por los brazos de Jesús, glorificado con Él y hecho sentarse juntamente con Él en su trono.

La contemplación de mi glorioso futuro bien puede aliviar la oscuridad del pasado y el sombrío del presente.

Los goces del cielo seguramente compensarán las tristezas de la tierra.

¡Silencio, silencio, temores míos!

La muerte es solo un estrecho torrente, ¡y pronto lo habréis vadreado!

¡La muerte, cuán breve! ¡La inmortalidad, cuán sin fin!

¡El tiempo, cuán corto! ¡La eternidad, cuán larga!

¡El camino es tan, tan corto! ¡Pronto estaré allí!

"En el futuro me está reservada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida." 2 Timoteo 4:8

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: The grand object of the eye of faith!

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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