Mañana y noche

Fijar los ojos en el futuro eterno que aguarda al creyente

En la peregrinación cristiana conviene mirar hacia adelante: la corona, la meta y la gloria celestial que harán que los pesares presentes palidezcan.

En nuestra peregrinación cristiana conviene, en su mayor parte, mirar hacia adelante. Hacia adelante está la corona, y hacia delante está la meta. Ya sea para la esperanza, para el gozo, para el consuelo o para inspirar nuestro amor, ¡el futuro ha de ser, después de todo, el gran objeto del ojo de la fe! Mirando hacia el futuro, vemos el pecado echado fuera, el cuerpo de pecado y de muerte destruido, el alma hecha perfecta y apta para ser partícipe de la herencia de los santos en luz. Mirando aún más lejos, el ojo iluminado del creyente puede ver el río de la muerte pasado, la lúgubre corriente vadeada, y las colinas de luz alcanzadas, sobre las cuales se alza la ciudad celestial. Se ve a sí mismo entrar por las puertas de perla, aclamado como más que vencedor, coronado por la mano de Cristo, abrazado en los brazos de Jesús, glorificado con Él y hecho sentarse juntamente con Él en su trono, así como Él ha vencido y se ha sentado con el Padre en su trono.

La contemplación de mi glorioso futuro bien puede aliviar la oscuridad del pasado y la lobreguez del presente. ¡Los gozos del cielo compensarán con seguridad los pesares de la tierra! ¡Silencio, silencio, temores míos! La muerte es solo una estrecha corriente, y pronto la habrás vadeado. ¡El tiempo, cuán breve; la eternidad, cuán larga! ¡La muerte, cuán pasajera; la inmortalidad, cuán interminable! Paréceme que aun ahora como de los racimos de Escol, y bebo del pozo que está dentro de la puerta. ¡El camino es tan, tan corto! ¡Pronto estaré allí!

"En el futuro me está reservada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino a todos los que aman su venida." 2 Timoteo 4:8

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: January 29 — Morning

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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