Así que se nos permite gloriar. Pero ¿en qué y en quién? No en nosotros mismos; eso queda para siempre anulado. El Señor se ha propuesto derramar menosprecio sobre toda gloria humana, para que nadie se gloríe en sí mismo, sea lo que sea o tenga lo que tenga. Pero cuando un hombre tiene una visión del Hijo de Dios en su belleza, en su idoneidad, en su gracia celestial y gloria divina, entonces puede y debe gloriarse en el Señor. Puede decir: «¡Oh, qué Señor hay arriba! Cuán glorioso es en su excelencia, en su idoneidad y en su bienaventuranza; cuán gloriosa su sabiduría, su justicia, su santificación y su redención. Que toda mi gloria esté allí; que no me atribuya ni un solo átomo de ella. Si soy sabio, démosle la gloria de ser mi sabiduría; si justo, démosle la gloria de ser mi justicia; si tengo algún fruto del Espíritu, démosle la gloria de ser mi santificación; si soy redimido de la muerte y del infierno, que la gloria de mi redención sea suya». Esto es hacer lo que Dios querría que hiciéramos: gloriarnos en su amado Hijo.
Y el Señor llevará a todo su pueblo a este punto tarde o temprano. Les dará tales visiones de los efectos de la caída, de la miseria del pecado y de su propia impotencia; y les dará tan graciosas visiones de su amado Hijo, que los destete de gloriarse en la criatura y los haga gloriarse en el Señor como toda su salvación y todo su deseo. Puede ser por un largo camino de severa disciplina, pero el Señor llevará finalmente a todo su pueblo allí; pues ha determinado glorificar a su amado Hijo, y cuando podemos así glorificarle, entonces tenemos la mente de Cristo y hacemos la voluntad de Dios.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: December 14
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.